DIETA DEL PALEOLITICO O PALEODIETA

DIETA DEL PALEOLITICO O PALEODIETA

Consiste, básicamente, en volver a la dieta que seguía el hombre antes del desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria alimentaria. El principio en que se sustenta esta dieta es que la genética de la especie humana se ha adaptado durante más de 70.000 generaciones a este tipo de alimentación y, por ello, la alimentación moderna (que seguimos desde hace solo 300 generaciones, es decir, un periodo 250 veces menor) produce en nuestro organismo ciertas enfermedades, como las metabólicas, circulatorias o el cáncer. Esta dieta, como efecto secundario, permite además adelgazar. Pero no todo en ella es bueno.

EN QUÉ SE BASA ESTA DIETA

Fue el estadounidense Loren Cordain, hace ya más de 25 años, quien creó la llamada dieta del Paleolítico o paleodieta, que consiste, fundamentalmente, en alimentarse como lo hacía el hombre en aquella época, cuando era cazador recolector. Así, hay que limitarse a ciertos alimentos y rechazar otros, que veremos en ambos casos más adelante, y siempre tratar de ingerirlos con el mínimo procesamiento. La fuente de estos alimentos debe ser lo más natural que sea posible, como cultivos ecológicos o animales no alimentados con piensos y criados al aire libre.

Hay que tener en cuenta que el objetivo de esta dieta es mejorar nuestra salud y evitar ciertas enfermedades, por lo que no es, en sí misma, una dieta de adelgazamiento. Sin embargo, y dado que propone alimentos en general menos calóricos que la dieta habitual en los países desarrollados, el seguimiento de esta dieta supondrá, a buen seguro, una bajada de peso que podría ser sustancial.

REGLAS QUE HAY QUE CUMPLIR

Se pueden comer todo tipo de frutas y verduras, siempre que sean frescas, frutos secos, semillas, pescado a diario (azul y blanco, pero con mayor frecuencia el primero), marisco, y carne, mucha carne, y tanto roja como blanca. Respecto a los hidratos, pueden tomarse con moderación, pero nunca refinados ni de alto índice glucémico. Y para beber, solo agua.

Respecto a los alimentos que no pueden tomarse, tenemos los lácteos (salvo los niños en edad lactante) y sus derivados: yogur y queso. Tampoco se admiten las legumbres, y los cereales deben tomarse, en el mejor de los casos, con poca frecuencia y nunca refinados. Por tanto, hay que privarse de la pasta, el arroz, el azúcar y los dulces. Se rechazan también los congelados, conservas y, sobre todo, precocinados. Tampoco se admiten los fiambres ni los embutidos, la sal ni el alcohol o cualquier bebida que no sea agua: refrescos, zumos...

Los alimentos anteriores, además, deberán tomarse solo en tres ingestas diarias, con lo que queda proscrito el picoteo. Lo anterior supone, de hecho, un cierto ayuno intermitente: pasar entre 10 y 12 horas sin comer nada. Estas normas suponen renunciar a en torno al 70% de los alimentos que suelen componer la dieta de una familia media en una sociedad desarrollada. Y eso significa un inconveniente importante a la hora de integrarse en las costumbres de las personas con las que convivimos o nos vemos con frecuencia, como familiares, amigos y compañeros de trabajo.

QUÉ OPINAMOS DE LA PALEODIETA O DIETA DEL PALEOLÍTICO

La dieta del Paleolítico supone importantes diferencias con respecto a la dieta habitual en los países desarrollados, lo cual es bueno, porque dicha dieta es muy insana. El problema es que también presenta notables diferencias respecto a la dieta considerada idónea por los expertos, desde el punto de vista de la salud del que la sigue. Así, si bien la cantidad de grasas que propone (en torno a un 28% de la cantidad total de calorías ingeridas) es semejante a la recomendada por lo expertos como ideal (30%), no ocurre lo mismo con las proteínas (35% frente a un 12% recomendado), ni con los hidratos (37%, frente a un 58% deseable).

En pocas palabras, y aunque los porcentajes anteriores pueden variar según la fuente a la que se acuda, puede decirse que a la dieta del Paleolítico le sobran proteínas y le faltan hidratos. Porque, si tenemos que elegir entre la dieta que, supuestamente, tomaba el hombre en el Paleolítico y la recomendada por los expertos, en base a multitud de estudios de todo tipo, nosotros nos quedamos sin dudar con la segunda.

La razón es que, si bien es cierto que el supuesto en que se basa esta dieta (adaptación genética del hombre a ciertos alimentos) parece razonable, aparecen multitud de objeciones al mismo. Por ejemplo, el ejercicio físico era mucho mayor que el que hacemos hoy en día, incluso si lo comparamos con las personas que hacen ejercicio de forma habitual. Por otra parte, la nutrición del hombre primitivo se basaba en lo que encontraba, no en lo que le gustaría comer.

Por ejemplo, podía pasarse varios días comiendo solo nueces, pasar luego una semana de ayuno absoluto cuando se terminaban, para luego atiborrase de carne de ciervo si el clan conseguía matar uno. Y del ciervo, lo comían todo: vísceras, médula, tendones, ojos... Estas circunstancias, como es lógico, serían hoy día irreproducibles, además de indeseables. Por todo ello, la dieta del Paleolítico no es más que una aproximación a lo que realmente era, con importantes e inevitables diferencias. Y el hecho de que el hombre actual duplique la esperanza de vida del hombre paleolítico no hace más que aumentar esas diferencias.

Entre otros problemas, la dieta del Paleolítico supone ingerir el doble del colesterol que lo que se considera recomendable. Sin embargo, la cantidad de sodio es menor, y no hay problemas con el calcio, a pesar de suprimir los lácteos. Otra ventaja importante es reducir de forma drástica los alimentos elaborados, optar por hidratos integrales frente a los blancos y su gran consumo de frutas y verduras frescas.

Por lo que respecta a la salud, no han sido muchos los estudios serios y sobre una base amplia realizados al respecto. Sin embargo, los resultados preliminares hablan de una significativa reducción de los factores de riesgo: reducción del peso y la barriga, mayor sensibilidad a la insulina y menor tensión arterial, entre otros.

Sin embargo, también encontramos aspectos no tan positivos. Desde el punto de vista nutricional, echamos en falta la leche y sus derivados, (una fuente sencilla y accesible de calcio), las legumbres y los cereales integrales. Estos últimos, si bien es cierto que no están prohibidos de forma rigurosa, si están muy limitados. Tampoco vemos razones de peso para rechazar de forma terminante los congelados y ciertas conservas poco elaboradas, que suponen una forma práctica y accesible de obtener alimentos sanos.

Pero los inconvenientes de esta dieta no se limitan a algunos aspectos nutricionales. Hay que tener en cuenta que no vivimos solos, y tratar de seguir esta dieta puede suponer inconvenientes sin número a la hora de comer y vivir en sociedad. Por ejemplo, los dulces y el pan blanco están en todos los sitios y a todas horas. Además, va a ser muy difícil, en determinadas circunstancias, evitar los alimentos procesados. Por último, la paleodieta es significativamente más cara que otras igualmente o más saludables, como la mediterránea. Si tenemos en cuenta que cualquier dieta debe ser seguida de forma indefinida, la Paleolítica ofrece en este sentido importantes limitaciones.

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