LA DIETA PERRICONE

LA DIETA PERRICONE

Es una de las dietas que está en la actualidad más de moda, tal vez porque la siguen algunos personajes famosos por su belleza. Nicholas Perricone no es un nutricionista, sino un dermatólogo norteamericano. Y eso, quizá, le confiere un especial atractivo a esta dieta, ya que, junto a una reducción de peso, lo que busca es una mejora de la salud y una apariencia más bella y joven en quien la practica. Pero en su mayor virtud puede estar también su talón de Aquiles, pues un dermatólogo no tiene por qué dominar una disciplina tan compleja y difícil como es la nutrición humana.

PRINCIPIOS DE LA DIETA PERRICONE

La suposición básica de la que parte esta dieta es que muchos problemas de la piel (arrugas, acné, celulitis, flaccidez, envejecimiento...), ciertas enfermedades degenerativas, algunos otros problemas médicos y, por supuesto, la obesidad, tienen su origen en la inflamación de diversos órganos producida por una mala alimentación.

Según el creador de la dieta, una correcta elección de los alimentos que tomamos, siguiendo las normas propuestas por él, nos mejorará el metabolismo y el estado de ánimo, y nos hará también más resistentes al cáncer y a otras enfermedades, además de hacernos bajar de peso de forma muy notoria.

Pero no es suficiente ingerir ciertos alimentos y evitar otros, siguiendo un determinado procedimiento. Perricone nos propone también el consumo de cremas, jabones y ciertos complementos dietéticos que pueden comprarse en su web y en ciertas tiendas, y no precisamente a bajo precio. Eso hace que surjan, en las mentes medianamente críticas, ciertos elementos de sospecha.

REGLAS DE LA DIETA PERRICONE

Más que recomendar ciertos alimentos, en lo que pone más énfasis esta dieta es en rechazar una larga lista de nutrientes que considera responsables de los problemas ya comentados de inflamación de ciertos órganos. Son, sobre todo, los elaborados con trigo o que contengan gluten, pero hay muchos más: harina y sus derivados (pan, pasta, bollos, cereales para el desayuno...), arroz, maíz, azúcar y productos endulzados (refrescos, chuches...), café, vacuno, pato y quesos curados, entre otros.

Lo que resulta chocante para muchos es la inclusión en esta lista prohibida de algunos alimentos considerados universalmente como sanos, como es el caso de ciertas frutas (sandía, diversos tipos de melón, uvas, mango...) y algunas verduras (calabaza, guisantes, zanahorias...). Sin embargo, coincide con todos los expertos al rechazar las grasas hidrogenadas.

¿Qué se puede comer? Sobre todo, las proteínas, aunque no todas están autorizadas (véase la lista anterior), y también otros alimentos que no lo son. Hablamos de pescados en general, y azules, como el salmón o la sardina, en particular; pavo, yogur, huevos, judías, lentejas, verduras y frutas no incluidas en las relaciones prohibidas (sobre todo, propone frutas del bosque, manzanas, peras y cerezas). Respecto a las verduras, recomienda en especial tomates, pimientos, ajo, espinacas, repollo, espárragos y, en general, ensaladas.

También recomienda el consumo de aguacates, avena, cebada, té verde y aceitunas, y pone especial énfasis en determinadas especias, como albahaca, pimienta, jengibre, orégano, nuez moscada, clavo, canela o laurel. Muchas de ellas, según Perricone, tienen la virtud de reducir la inflamación de las células. Por último, sugiere el consumo de nueces, avellanas, almendras y pipas de girasol o calabaza. Y, para las ensaladas, aceite de oliva.

Además de las prolijas listas de alimentos prohibidos y recomendados, la dieta da instrucciones acerca de la forma de tomarlos. Por ejemplo, recomienda tomar dos o tres vasos de agua (preferiblemente no del grifo, sino mineral) nada más despertarse, y otros en diversos momentos del día, hasta un total de ocho o diez. También aconseja tomar en las comidas primero las proteínas y después el resto de alimentos. Respecto a otras indicaciones, sugiere hacer media hora diaria de ejercicio ligero y cinco comidas diarias.

QUÉ OPINAMOS DE LA DIETA PERRICONE

Aunque no hay que olvidar que sus resultados no han sido testados de forma científica, esta dieta puede aportar algunos elementos positivos, como el rechazo a ciertos alimentos sobre los que existe el consenso general acerca de su poca conveniencia (grasas hidrogenadas, azúcar y sus derivados...) y la inclusión de otros universalmente reconocidos como sanos (ciertas frutas y verduras, pescados azules, aceite de oliva...).

Sin embargo, hay otros aspectos sobre los que se debe ser crítico, como el hecho de que sea una dieta de duración determinada (28 días), ya que al abandonarla se recuperaría el estado previo a hacerla, y eso en el mejor de los casos. También, que no permite personalizar la dieta a la medida de cada paciente, según su edad, sexo, estado físico y de salud, etcétera.

Por otra parte, hay que resaltar el hecho de que puede resultar muy cara, debido a los tratamientos anejos a base de cremas y ciertos complementos alimenticios que hay que comprar, aparte de los alimentos en sí mismos. Y, por si lo anterior fuera poco, hay que tener en cuenta que es una dieta difícil de mantener fuera de casa, por las muchas prohibiciones que incluye. Incluso, sería trabajoso mantenerla en casa si el resto de la familia no la sigue.

No obstante, el aspecto más criticable de la dieta Perricone es que no se sustenta en estudios científicos. A pesar de que sus libros incluyen abultadas referencias bibliográficas de multitud de investigaciones sobre el tema, lo cierto es que esos estudios no apoyan de forma clara las afirmaciones en que se basa su ya famosa dieta. Por el contrario, algunos de sus principios contradicen conclusiones de multitud de estudios científicos serios realizados previamente.

Lo anterior hace que no se puedan obviar determinados riesgos para la salud en los que se puede incurrir si se sigue esta dieta, entre otras cosas porque prohíbe determinados alimentos que, según la opinión de los expertos más cualificados, son necesarios para nuestro organismo. Además, la inocuidad de algunos de los aditamentos de la dieta no ha sido demostrada científicamente. Por ello, si el lector tiene claro que desea probarla, la recomendación más encarecida que podemos hacerle es que lo haga bajo la vigilancia de un profesional competente, preferiblemente un médico especializado en nutrición.

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