Errores que pueden crear obesidad de origen psicológico en nuestros hijos

Errores que pueden crear obesidad de origen psicológico en nuestros hijos

Probablemente lo hacemos sin darnos cuenta, pero no por ello el daño es menor. Determinadas actitudes con nuestros hijos pueden crear en ellos una obesidad de origen psicológico que, tal vez, les acompañe toda la vida, por lo que el perjuicio que les ocasionaremos puede ser enorme. Veamos cuáles son los errores más frecuentes y la forma de evitarlos.

Es sabido que los niños son verdaderas esponjas a la hora de aprender. El problema es que también lo son para adquirir malas costumbres o reflejos condicionados que pueden perjudicarles en muchos aspectos y, entre otros, en lo referente a la obesidad. Y la mayoría de las veces somos sus padres o educadores los responsables de ello. Por eso es necesario saber lo que no hay que hacer con nuestros hijos y educandos.

Un error frecuente suele ser consecuencia de nuestra incapacidad para transmitirles afecto, ya sea por falta de tiempo o por problemas de nuestra propia afectividad. A cambio de ello, les damos alimentos que sabemos que les gustan mucho, como dulces, bollos, snacks y similares. En vez de cogerles en brazos y jugar con ellos, o contarles un cuento, es más fácil y rápido darles unas natillas.

Nos quedamos más tranquilos, pero ni les hemos dado el cariño que ellos necesitan, ni les hemos alimentado de forma sana. Por el contrario, ellos percibirán que las natillas son un sustitutivo del cariño, y tenderán de forma inconsciente, quizá incluso hasta la edad adulta, a buscar el remedio de sus frustraciones afectivas en la nevera.

Otra actitud errónea es ceder a sus chantajes para evitar la sensación culpa, es decir, de ser un mal padre o una mala madre. No se debe ceder nunca, y debemos tener claro que precisamente cuando se cede es cuando nos estamos comportando como malos padres. Pero a veces, por no verlos llorar ("¡pobrecito, es tan pequeño!"), les damos lo que nos piden. Y si lo que piden es comida, por ejemplo, chocolate, interiorizarán esa comida como una victoria, y en el futuro su inconsciente considerará el chocolate como un valioso objetivo a conseguir.

Uno de los errores más comunes es premiar con comida apetecible; o su inversa, castigar con la privación de golosinas, que tiene un efecto similar. No solamente los estaremos nutriendo mal. Lo peor, probablemente, es que desarrollarán el reflejo condicionado de que comida igual a premio. De forma evidente, más adelante se premiarán a sí mismos con unas patatas fritas, un bollo o un helado. Y esas comidas insanas, además de su sabor agradable, tendrán para nuestros hijos un "plus" que las harán irresistibles

Lo anterior, pues, son errores a evitar. Si los cometemos, estaremos creando en nuestros hijos determinados impulsos psicológicos que les pueden llevar a la obesidad. Y, en la medida en que son impulsos inconscientes, son por ello más difíciles de evitar y es más complicado luchar contra ellos. Tal vez de niños, adolescentes e incluso adultos, necesitarán comer aunque no tengan hambre, y no sabrán por qué. Ahora, nosotros sí lo sabemos.

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