Ejercicio sí, pero... ¿cuál es el más conveniente?

El ejercicio es un factor fundamental para reducir peso y mejorar la salud (ver artículo "El ejercicio complementa la dieta y favorece la pérdida de peso"). Pero la cuestión es: ¿qué tipo de ejercicio hacer? Los deportes no estresantes practicados con regularidad son claramente preferibles.

Simplificando podemos dividir los deportes en dos tipos: los de alta intensidad o estresantes, como el fútbol, voleybol o rugby, (que suponen un alto ritmo cardiaco y grandes esfuerzos musculares y articulares), y los deportes no estresantes, como la natación, el ciclismo o el "footing", que suponen un ritmo cardiaco más reducido.

De todos es sabido que los deportes no estresantes evitan muchos problemas derivados de lesiones por golpes, torceduras y esfuerzos bruscos, sobre todo cuando se practican eventualmente.

Pero además, cuando realizamos una actividad física moderada, con unas pulsaciones en torno al 50% del máximo, las calorías consumidas provienen en un 90% de las grasas y en un 10% de los hidratos. Si el deporte es intenso y alcanzamos un 75% de las pulsaciones máximas, los porcentajes respectivos son del 60 y 40.

Pero hay más datos a favor de los deportes no estresantes. Según un estudio del Departamento de Fisiología de la Universidad de Granada publicado en la Revista Española de Cardiología, el perfil lipídico (que incluye, entre otros, al colesterol) derivado de la práctica de deportes no estresantes es más favorable que el que se consigue con los deportes de alta intensidad. Por tanto, el riesgo cardiovascular si se practican deportes como el fútbol o el rugby es mayor que si se hace natación o marcha, pues aquellos tienen un perfil lipídico que predispone más a sufrir ateroma y trombos.

Por último, será siempre preferible la práctica regular y moderada de estos deportes que la ocasional e intensa, tanto para mejorar el estado general como para evitar riesgos de lesiones y cardiovasculares. El motivo de esto es que los efectos favorables del ejercicio en el colesterol y otros lípidos dura unas 48 horas, con lo que realizando ejercicio cada dos días se mantienen los niveles favorables en el tiempo. Por el contrario, si lo realizamos sólo en fin de semana, a los dos días se recuperan las cifras habituales y el beneficio cardiovascular no es tan notorio.

Fuente: Azprensa y elaboración propia, octubre 2004

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