Precocinados: mejor sólo de vez en cuando

Son prácticos, variados y tentadores, pero no conviene abusar de ellos, sobre todo si nos preocupa la báscula y la salud.

Los precocinados son platos preparados para consumir sólo con abrirlos, o a lo sumo tras calentar o freír. Por ejemplo, empanadillas congeladas, una lata de fabada, o una pizza refrigerada.

Las ventajas de estos productos son evidentes: ahorro de tiempo y trabajo, disponibilidad inmediata, facilidad de conservación y gran variedad. Aunque su precio suele ser razonable, es siempre más elevado que cocinándolos uno mismo. Por lo que respecta a su calidad gastronómica, en comparación con elaborarlos nosotros, depende de la calidad del producto, nuestro paladar y las habilidades de que seamos capaces.

Pero los principales inconvenientes de este tipo de alimentos los encontramos en el aspecto nutritivo y también, desgraciadamente, a la hora de mantener la línea. Aunque el envase indique los ingredientes, no es lo mismo "carne de ternera", (¿de qué parte del animal? ¿con qué cantidad de grasa?) que un filete que nosotros mismos picamos. Cuando dicen "grasa vegetal", no es igual aceite de palma que de girasol, desde el punto de vista de la salud.

Por lo que respecta a los aditivos, sin llegar a demonizarlos, pues están aprobados por las autoridades sanitarias, lo cierto es que son menos naturales y pueden producir dificultades digestivas en estómagos susceptibles. Además, es difícil controlar la cantidad de sal que ingerimos, en caso de tenerla limitada, pues se incluye en numerosos aditivos.

Si nos preocupa la obesidad, debemos saber que muchos precocinados son platos muy calóricos, pues suelen contener bastantes grasas. Además, frecuentemente son saturadas, con lo que puede aumentar nuestro colesterol. Pero como no todos los precocinados son iguales, intentemos escoger aquellos menos elaborados, como verduras conservadas en agua, que están listas para consumir tras saltearlas. Es un poco de trabajo que nos asegura un alimento más ligero y natural que otros platos más elaborados, como pimientos rellenos en lata.

Adicionalmente, podemos utilizar este tipo de alimentos para hacer platos mixtos, en parte precocinados y en parte elaborados. Por ejemplo, empanadillas congeladas con ensalada, tortilla de espinacas en conserva o un filete con ensaladilla congelada.

Otra posibilidad interesante desde todos los puntos de vista es acostumbrarnos a cocinar, cuando se pueda, raciones de más que congelaremos para un uso posterior. Pero la regla de oro en este tema podría ser no alimentarnos a base de precocinados, sino consumirlos sólo de vez en cuando.

Fuente: consumer.es, octubre 2.004

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