La responsabilidad de la industria alimentaria

¿Somos los únicos responsables de nuestro sobrepeso? Quizá haya también otros, y va siendo hora de que modifiquen sus comportamientos. La Administración debe tomar cartas en el asunto, dada la importancia del tema.

En relación con la obesidad, se ha dicho mucho acerca de la responsabilidad que tiene el individuo respecto a su propia salud. Parece, pues, que el único culpable es uno mismo. Pero, haciendo un paralelismo con la evolución que ha sufrido la forma de contemplar el problema del tabaquismo (obesidad y tabaco son, de hecho, los principales problemas de salud pública en los países desarrollados), quizá ha llegado el momento de hablar de la responsabilidad de la industria alimentaria.

Las empresas tabaqueras han incurrido en prácticas execrables, sacrificando muchas veces la salud de los ciudadanos a sus propios intereses y beneficios. Pero, ¿qué pasa con la industria alimentaria? Busquemos también su parte de culpa en el problema de la obesidad. El contenido en grasas de muchos productos es escandaloso, pero resulta económico fabricarlos así, y además se venden bien. Asimismo, es sabido que en muchas ocasiones utilizan ingredientes que son muy perjudiciales para la salud, como ciertas grasas vegetales, porque tienen un coste inferior que otros más saludables. Por si esto fuera poco, la información que dan al respecto en el envase es muchas veces insuficiente, rozando los mínimos legales. ¿Es éste un comportamiento ético? Juzguen ustedes.

Por otra parte, la industria alimentaria gasta al año 25.380 millones de € (más de cuatro billones de las consabidas pesetas, para quien lo prefiera así) en publicitar sus productos. Pero, por desgracia, no anuncian manzanas, tomates, melones, garbanzos ni lechugas; el 70% de este descomunal presupuesto se dedica a convencernos de que consumamos refrescos, dulces, bollería y otros productos que cabría considerar al menos como sospechosos para nuestra salud y, desde luego, tendentes a engrosar nuestra silueta.

La Administración parece haber asumido estos planteamientos y empieza, aunque tímidamente, a tomar cartas en el asunto. Elena Salgado, ministra de Sanidad, ha declarado recientemente que va a negociar con la industria alimentaria una reducción paulatina del contenido en grasas, azúcares y sal de los alimentos que fabrican. Así se sigue una recomendación que hizo la OMS en la asamblea del pasado mes de mayo.

En el Reino Unido han dado un paso más, y van a facilitar gratis frutas y verduras a ciertas familias. Además, han propuesto gravar con un impuesto especial a la "comida basura", tal y como plantearon en el año 2.000 un grupo de científicos norteamericanos. Por si esto fuera poco, han acordado con la industria alimentaria suprimir antes de 2.005 los tamaños grandes en alimentos tales como las tabletas de chocolate y similares, así como eliminar la mayoría de dispensadores automáticos de "chucherías" en los colegios.

La situación, pues, parece que comienza a moverse. Y recuerda, por cierto, a lo que empezaba a ocurrir hace unas décadas con la industria tabaquera. Que cada uno vaya tomando nota.

Fuentes: Medicina TV, Consumer y elaboración propia

Más noticias sobre:

Volver