La comida de nuestros hijos

Las razones por las que es importante nutrir correctamente a nuestros hijos son tres: que no les falte de nada para su desarrollo, prevenir el sobrepeso y formarles en materia de alimentación.

Por lo que respecta a lo primero, la comida debe ser variada y apetecible. Si no es apetecible, se la dejarán en el plato y nos costará una guerra cada comida. Debemos comprobar que toman semanalmente los alimentos básicos: verduras, pescado y legumbres, al menos una vez por semana; fruta, en los postres. Hay que intentar introducir en cada momento las frutas y verduras de temporada: serán más naturales y económicas. También conviene tener en cuenta la estación: en épocas calurosas, prodigar más las ensaladas, cremas de verduras frías, arroz... Por contra, cuando hace frío son más adecuadas las comidas calientes: potajes, legumbres, guisos,...

En cuanto al sobrepeso, deben tomar una comida equilibrada y sana. Hay que conseguir que las "chuches" sean la excepción más que la regla. Los precocinados y derivados cárnicos (albóndigas, pizza, salchichas, hamburguesas, etc.) no deben tomarse más de dos veces por semana. En cuanto a las guarniciones, intentar cambiar las patatas fritas y el ketchup por verduras, ensaladas o puré de patata. Y de postre, preferentemente fruta o lácteos sustituyendo a bollería, helados u otros dulces.

El aspecto educativo es muy importante para los niños, porque si adoptan buenas costumbres en la infancia, podrán mantenerlas con facilidad el resto de su vida, lo que supondrá una importante ventaja para evitar la obesidad. Hay que explicarles claramente las ventajas de la alimentación que les damos, frente a los inconvenientes que tiene la que a ellos quizá les apetecería más: "chuches", hamburguesas, patatas fritas, refrescos gaseosos, etc. También es importante habituarles a masticar y degustar todo tipo de alimentos, así como acostumbrarles a las más variadas técnicas culinarias: plancha, horno, guisos o estofados, sin limitarse a fritos y rebozados. Por último, no debe usarse la comida como premio o castigo, pues puede llevar a nuestros hijos a conductas alimentarias inadecuadas: caprichos, rechazo a ciertos alimentos...

Fuente: Consumer.es y elaboración propia

Más noticias sobre:

Volver