Llega la regulación de los alimentos funcionales

Hoy día, cualquier fabricante de productos alimenticios puede atribuir a éstos en su envase o publicidad propiedades nutricionales, saludables e incluso de curación o alivio de enfermedades, sin tenerlo que demostrar. Esto va a cambiar próximamente con una nueva regulación, en beneficio de los consumidores. Lo que digan, tendrán que demostrarlo.

Alimentos funcionales son aquellos que tienen determinadas ventajas para la salud: por ejemplo, son ricos en vitaminas, antioxidantes, fibras, sustancias con efectos supuestamente terapéuticos (como mejorar la circulación), bajos en calorías, etc. Para hacerse una idea de su importancia comercial, este tipo de alimentos suponen el 26% del gasto en alimentación en España.

En la actualidad, la legislación española no obliga al fabricante a demostrar los efectos beneficiosos que supuestamente tienen sus productos. Pero a partir del pasado 1 de julio la situación está cambiando, ya que los productores tendrán que demostrar científicamente estas propiedades. Disponen de un plazo de tres años para hacerlo, a partir de la fecha indicada.

Así, un fabricante que alegue ciertas propiedades, tendrá que demostrarlas ante la Comisión Europea, adjuntando estudios científicos que lo avalen. También se eliminarán los mensajes engañosos o confusos y se exigirá que el compuesto funcional esté presente en el alimento en la proporción necesaria para lograr el efecto deseado.

El nuevo reglamento sólo permitirá tres categorías de beneficios. En primer lugar, las declaraciones nutricionales o de contenido. Por ejemplo, "rico en fibra". El reglamento recoge qué alegaciones estarán permitidas, y sus condiciones. En el ejemplo comentado, qué porcentaje de fibra debe tener para poderse indicar "rico en fibra", ya que casi todos los alimentos tienen algo de fibra.

En segundo lugar, se contempla la declaración de propiedades saludables (es decir, que existe una relación entre consumir ese alimento y determinado efecto beneficioso para la salud) y, por último, reducción significativa del riesgo de que aparezca una enfermedad si se consume el producto.

No se permitirán en ningún caso propiedades terapéuticas o curativas (sería considerar a un alimento como si fuera una medicina) y establece serias restricciones en todo lo destinado al público infantil. También prohibirá, y esto nos parece importante, las declaraciones que hagan referencia a la pérdida de peso.

Bienvenida sea esta nueva normativa, ya que, por una parte, armonizará las distintas legislaciones nacionales y, por otra, va a proteger al consumidor.

Fuentes: informacionconsumidor.com y consumer.es, 2007

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