Grasa abdominal y diabetes tipo 2

La grasa abdominal es mucho más (y mucho peor) que algo meramente antiestético. Además de los problemas circulatorios que puede acarrear, es la gran enemiga de los diabéticos tipo 2, hasta el punto de que muchos especialistas consideran cada vez más que la lucha contra esta enfermedad pasa necesariamente por eliminar la barriga.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad muy extendida (los expertos ya hablan de pandemia) y que puede llegar a ser muy grave. Aparece a partir de los 40 años y es una alteración en el metabolismo de los carbohidratos que supone una excesiva cantidad de azúcar en la sangre.

Hasta ahora, el tratamiento habitual consiste en la administración adicional de insulina, que es una hormona que metaboliza el azúcar. En una persona sana, la insulina es segregada en la cantidad precisa por el páncreas. Pero en el diabético la dosis no es suficiente, lo que supone cantidades excesivas de azúcar en la sangre.

El problema es que la administración externa de insulina supone una cantidad a veces mal regulada de esta hormona, que puede ser escasa o excesiva. Y ambas cosas son malas, porque tanto el exceso como el defecto de azúcar pueden resultar dañinos.

Roger Unger, prestigioso especialista del Centro para la Investigación de la Diabetes Touchtone (Texas, Estados Unidos), en un reciente artículo publicado en "The Journal of the American Medical Association" ("JAMA"), opina que debe cambiarse la terapia de la diabetes tipo 2 de forma radical.

En la actualidad, dicha terapia se centra en controlar la cantidad de glucosa en sangre mediante medicamentos y, en su caso, administración de dosis cada vez mayores de insulina. Unger afirma, basándose en la gran cantidad de conocimientos acumulados a nivel internacional en ese campo durante los últimos años, que toda terapia que quiera tener éxito debe basarse en la eliminación o reducción de la grasa abdominal.

Hasta hace apenas diez años se consideraba la grasa abdominal como un mero depósito inerte de grasa excedente del organismo; su único problema era el estético. Pero hoy día se sabe que debería ser entendida como una glándula, ya que secreta sustancias que pueden ser muy perjudiciales para la circulación y, en el caso que nos ocupa, para la diabetes tipo 2.

Un aumento de grasa abdominal supone una mayor liberación de ácidos grasos libres y un mayor nivel de radicales libres, lo que supone la muerte de células del páncreas. Este proceso, que hemos descrito aquí de forma simplificada, se denomina lipotoxicidad, y perjudica el metabolismo de la glucosa y la insulina.

Por ello, Unger afirma que la diabetes tipo 2 tiene un origen lipocéntrico. De hecho, numerosos trabajos constatan que una reducción del peso, aunque sea modesta, supone una notable mejoría en los factores de riesgo cardiovascular y del metabolismo de la glucosa.

Otro estudio reciente, también publicado en "JAMA", afirma que el 73% de los pacientes que controlaron su obesidad mediante cirugía bariátrica consiguió una remisión total de sus problemas con la diabetes tipo 2.

Al comparar este rotundo éxito con los magros resultados de las terapias tradicionales, el editorial que acompañaba al mencionado artículo postulaba esta intervención como tratamiento para la diabetes tipo 2, al menos para aquellos que no consiguieran acabar con la grasa por procedimientos menos traumáticos.

Fuente: diario El Mundo, marzo 2008

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