Efecto "rebote": si una dieta no es para siempre, mejor no hacerla

Una prestigiosa especialista confirma algo que ya se sabía aunque con frecuencia muchos ignoran: si se comienza una dieta para terminar abandonándola, se recupera el peso que se tenía y algo más. Pero también, y lo que quizá es peor, hay evidencias de que se producen otros efectos nefastos para la salud.

Durante el congreso Fibell 2008, el pasado mes de junio, la doctora Susana Monereo, jefa de la sección de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Getafe (Madrid) y miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), intervino para prevenir al auditorio contra una costumbre tan extendida como perniciosa: el seguimiento de dietas de adelgazamiento ocasionales.

Explicó que, cuando una persona que quiere adelgazar se somete a una dieta de adelgazamiento, su organismo reacciona reduciendo el gasto energético. Se produce una respuesta metabólica y neuro-endocrina que tiende a conservar la grasa corporal como reserva de energía, dificultándose así la reducción del peso. Si con posterioridad se abandona la mencionada dieta y se come más, se incrementa el gasto energético del cuerpo, pero en menor medida de lo que antes se redujo.

La consecuencia es que, al final, se ha subido de peso y, lo que es peor, ha aumentado la proporción de grasa, en especial la intraabdominal. El efecto acumulado de varios, y a veces muchos intentos frustrados de adelgazar es muy perjudicial para el organismo, hasta el punto de que, según Monereo, hay evidencias científicas de que este fenómeno se relaciona con muchas patologías, como diabetes tipo 2, hipertensión, obesidad y problemas circulatorios.

La doctora afirmó que es un problema muy importante y extendido (afecta hasta a un 80% de los pacientes obesos, con más incidencia en las mujeres) pero al que no se le presta la atención que merece por sus consecuencias en la salud. Porque además de los efectos ya comentados, también puede suponer cambios en el estado de ánimo de quien lo sufre, con inestabilidad emocional y posibles trastornos de la conducta alimentaria, como la tendencia al picoteo y al atracón. Así se puede entrar en un círculo vicioso de difícil remedio.

Como conclusión, la doctora es terminante: es una irresponsabilidad aconsejar o inducir el seguimiento de dietas temporales sin reeducar al paciente para que pueda mantenerlas indefinidamente. Y añade: "Solamente se debe perder el peso que uno vaya a ser capaz de mantener en función de los cambios que sea capaz de realizar en su estilo de vida". Estos cambios en la forma de alimentarse y en la actividad física diaria, reitera, deben ser "serios y para toda la vida".

Fuente: PortalesMedicos.com, 2008

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