El balón intragástrico debe formar parte de un tratamiento más amplio

La técnica no debe concebirse como un acto quirúrgico aislado. Para obtener éxito, debe integrarse en un tratamiento de la obesidad que incluya: selección cuidadosa de los candidatos a ella, realización por un equipo experto, dieta y apoyo psicológico. El objetivo final no suele ser sólo la pérdida de una cantidad determinada de kilos, sino un cambio de costumbres que garantice un peso más adecuado de forma permanente.

El balón intragástrico, utilizado desde hace veinte años, es un globo de silicona que se introduce por la boca mediante endoscopia y bajo sedación. Una vez en el estómago, se llena de líquido a fin de que produzca en el paciente sensación de saciedad. Después de siete meses debe retirarse, también mediante endoscopia y bajo sedación, tras vaciarlo del líquido que se introdujo en él. Durante ese tiempo, el paciente puede llevar una vida normal, aunque debe observar ciertas pautas, como ejercicio, dieta, y algunos cuidados básicos.

Es una técnica indicada para luchar contra la obesidad, junto a una dieta marcada por el especialista, en pacientes con un IMC a partir de 27, que sería el caso, por ejemplo, de una persona de 1,75 metros de altura y 83 kilos de peso. En muchos casos forma parte de un tratamiento más amplio, como reducir el peso de forma previa a una intervención quirúrgica (cirugía bariátrica, u otras) para reducir sus riesgos. En otros, es el elemento principal de un tratamiento para reducir el peso.

En una reunión internacional de expertos de siete países en la implantación del balón intragástrico, el doctor López Nava, jefe del Servicio de Aparato Digestivo y Endoscopias del Hospital Universitario Madrid Sanchinarro, ha resaltado los éxitos que se pueden lograr con esta técnica, ya que se pueden perder, como media, 24 kilos tras siete meses de tratamiento. Pero para garantizar el éxito hay que tener en cuenta una serie de factores.

El primero de ellos es realizar una correcta selección de las personas candidatas a la técnica. En ella se realizará un historial médico completo y un minucioso examen físico del paciente (incluyendo análisis de sangre y, eventualmente, una evaluación cardiológica), y se le informará de manera adecuada y completa.

En segundo lugar, es necesario disponer de un equipo apropiado de profesionales, formado por un endoscopista especializado en la implantación y retirada del balón, un anestesista para la sedación del paciente durante ambas intervenciones, un psicólogo que preste el necesario apoyo durante todo el tratamiento y un endocrino que determine la dieta más adecuada para cada paciente durante los siete meses que lleve el dispositivo.

Hay que tener en cuenta que, en algunos casos, el objetivo final es la reducción de peso en sí misma, a fin de que el paciente pueda ser intervenido con menos riesgo de cirugía bariátrica u otro tipo de operación. Pero en otros, lo importante es que, tras el periodo durante el que el paciente ha llevado el balón, haya cambiado sus hábitos alimenticios y sea capaz de mantenerlos de forma indefinida, a fin de conservar un peso saludable.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net, a partir de informaciones de El Médico Interactivo

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