Los padres obesos "contagian" su obesidad a sus hijos del mismo sexo

Un reciente estudio concluye que los niños y niñas tienden a emular la conducta de sus progenitores del mismo sexo, por lo que, al reproducir sus pautas de comportamiento en lo relativo a alimentación y actividad física, reproducen también su obesidad, si existe. Es una razón más para cambiar nuestros hábitos, si son malos y tenemos descendencia.

Se conocía la estrecha relación existente entre la obesidad de los padres y la de los hijos. Sin embargo, nunca ha estado muy claro hasta qué punto esta relación era genética o adquirida por emulación de costumbres. Una interesante investigación, realizada en Plymouth (Reino Unido) con 226 familias durante los últimos tres años, y publicada en el "International Journal of Obesity" ha deparado resultados interesantes y también, por qué no decirlo, sorprendentes.

Son sorprendentes porque indican que se adquiere la obesidad del progenitor, pero sólo si existe en el padre o madre del mismo sexo. Y las cifras son tan concluyentes que admiten poco margen para la duda: una madre obesa tiene 10 veces más probabilidades de tener una hija obesa que una madre de peso normal. En el caso del padre, son 6 veces más (en vez de 10) respecto a su hijo varón. Pero no se apreció relación alguna entre sexos cruzados.

Los investigadores estimaron que era altamente improbable que la influencia fuera genética, pues eso obligaría a aceptar que dichos genes se transmiten sólo a los individuos del mismo sexo. Sin embargo, sí les pareció lógica la vía de la transmisión por "simpatía de comportamiento", es decir, que las niñas emulan a sus madres y los niños a sus padres, pero no se produce, en general, una emulación cruzada.

Pero estos resultados son también interesantes porque se pueden sacar conclusiones prácticas de cara a nosotros mismos. En primer lugar, si se tienen hijos o hijas del mismo sexo que nosotros, tenemos una doble responsabilidad: nuestro comportamiento no sólo tendrá como resultado la propia obesidad, sino también, quizá, la de alguien a quien queremos mucho.

Por otra parte, la herencia genética ha sido un pretexto que ha tranquilizado conciencias y maniatado voluntades. Sin desechar que pueda ser la causa en algunos casos, la conclusión es clara: si en su día imitamos ciertas costumbres que nos han llevado a la obesidad, ahora podemos (con esfuerzo, eso sí, pero podemos), cambiar estas costumbres para mejorar la línea y, sobre todo, la salud. Y, si tenemos hijo o hijas, podemos hacerles también a ellos mucho bien.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en agosto de 2009, a partir de informaciones de Consumer

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