Grasas "malas": informar o suprimir

Las grasas saturadas y las trans están presentes en muchos alimentos, casi siempre camufladas bajo el epígrafe "grasas vegetales". Son tan perjudiciales para la salud (sobre todo las "trans") que es inconcebible que no se avise de su presencia en el etiquetado de los alimentos. Como ciudadanos, deberíamos presionar a las autoridades para que cambien la actual situación; como consumidores, sencillamente no comprar.

Hace años, a nivel popular, se dividieron las grasas en dos tipos: las de origen animal (ricas en ácidos grasos saturados) eran malas; las vegetales, buenas. Hoy día, todo el mundo debería saber que las cosas no son así. No todas las de origen animal son malas (por ejemplo, las de los pescados azules son muy recomendables) y, sobre todo, el problema está en ingerirlas en exceso.

Pero es entre las vegetales donde las diferencias son más notables: hay grasas, como el aceite de oliva, ricas en ácidos grasos monoinsaturados y protectoras de las arterias debido a que aumentan el colesterol "bueno". Otras, como el aceite de girasol, tienen ácidos grasos poliinsaturados y se consideran, si no beneficiosas, al menos no perjudiciales, pues no elevan el colesterol de forma perceptible.

Sin embargo, hay grasas vegetales, sobre todo las de coco y palma, ricas en ácidos grasos saturados. Su consumo aumenta el colesterol y se asocia con un mayor riesgo cardiovascular. Además, su abuso puede producir obesidad, problemas metabólicos e incluso favorecer ciertos tipos de cáncer. El problema es que son más baratas, y por ello abundan, por desgracia, en numerosos productos alimenticios. Normalmente, se camuflan en las etiquetas bajo la denominación "grasas vegetales", sin especificar más.

Pero son las grasas sometidas a ciertos procesos industriales (hidrogenación), conocidas como grasas trans, las más perjudiciales, y con diferencia. Aumentan el colesterol LDL, el "malo", y disminuyen el HDL o "bueno". Por desgracia, son económicas, mejoran la apariencia de los alimentos, su sabor, y los hacen más duraderos. Para muchos expertos, sencillamente deberían estar prohibidas en alimentación humana. En adelgazar.net compartimos esa opinión con vehemencia.

Quizá algunos lectores piensen que es una exageración. Juzguen ustedes: diferentes estudios científicos han determinado que la ingesta diaria de cinco gramos de grasas trans (algo más de media cucharada sopera rasa) aumenta hasta un 25% el riesgo de infarto. ¿Son o no un verdadero veneno? Sin embargo, la normativa actual no sólo permite su inclusión en alimentos para consumo humano, sino que ni siquiera obliga a advertir de su presencia en la etiqueta.

En algunos países, como Dinamarca, se ha prohibido que las trans superen el 2% en la composición de ningún alimento. Es un avance, pero hay que pensar que si alguien toma 250 gramos diarios de alimentos con ese porcentaje de trans en su composición, ya alcanza los mencionados cinco gramos. En California, se ha limitado su presencia en restaurantes, y en Canadá también se ha emitido legislación restrictiva. Son avances tímidos si tenemos en cuenta que diversos estudios estiman que entre el 4 y el 9% de las grasas que se ingieren en Occidente son trans.

Ante la desidia de las autoridades en esta lenta intoxicación masiva de la población, ¿qué podemos hacer los ciudadanos? En primer lugar, informarnos e informar a las personas más próximas acerca del problema. Después, y en la medida de nuestras posibilidades, presionar a nuestros gobernantes para que eliminen las grasas trans y obliguen a precisar el tipo de grasas vegetales en el etiquetado de los alimentos.

Pero lo más importante, tanto para presionar a los fabricantes como para protegernos, es no consumir productos con "grasas vegetales". Porque, como afirma Pedro Mata, director de la Unidad de Lípidos de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, "al leer una etiqueta en la que sólo se dice grasa vegetal, sin más detalles, siempre hay que sospechar", y añade que "el que usa aceites saludables siempre lo destaca". Tomemos buena nota, pues, y actuemos en consecuencia.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en abril de 2010, a partir de informaciones de El Mundo

Más noticias sobre:

Volver