Crear el hábito de elegir bien lo que comemos

La inmensa oferta de diferentes tipos de alimentos que tenemos en las sociedades avanzadas puede constituir tanto una amenaza para nuestra salud (nos ofrecen alimentos apetecibles pero poco sanos) como una oportunidad, si sabemos y queremos elegir bien. Y si, además, convertimos en hábito esta buena elección, tendremos mucho ganado.

Hay una serie de pequeñas decisiones que tomamos a diario en el ámbito de la alimentación que hacen que dicha alimentación sea o no sana. Y nos referimos no sólo a nivel cualitativo, sino también a las cantidades. El resultado puede conducir, si estas decisiones son inadecuadas, al sobrepeso o la obesidad, si bien interviene en gran medida la predisposición genética.

Por el contrario, si tomamos decisiones correctas y conseguimos hacer de ello una costumbre, podemos mejorar en gran medida nuestra salud y mantener a raya el problema del sobrepeso, si somos propensos a sufrirlo; o, al menos, nos ayudará a conseguirlo. Veamos cuáles son algunas de las decisiones más importantes en materia de alimentación.

En primer lugar, hay que ser conscientes de los alimentos que son más dañinos y huir de ellos, por muy apetecibles que nos parezcan: azucarados, ricos en grasas, hipercalóricos... en realidad, los conocemos de sobra. Sin embargo, hay que hacer especial énfasis en rechazar los alimentos elaborados con grasas vegetales cuando no se menciona su origen y/o cuando son parcialmente hidrogenadas, ya que son ricas en grasas trans, muy perjudiciales par la salud, con independencia de las calorías que contengan.

Una costumbre muy sana es leer el etiquetado de los productos antes de comprarlos. Además de lo ya indicado en el párrafo anterior, tengamos en cuenta que son siempre preferibles los productos integrales a los refinados, pues aportan más fibra, vitaminas, minerales y oligoelementos. Además, es preferible elegir productos "light", pero después de asegurarnos de que suponen una reducción considerable de calorías respecto a los normales. Según la nueva normativa, esta reducción debe ser de al menos un 30%, cosa que no siempre ocurre.

La etiqueta también debe indicarnos el contenido calórico por cada 100 gramos, lo cual es un criterio importante a la hora de decidirnos por uno u otro producto. Además, deberá indicar la presencia de aditivos que, si bien muchas veces son necesarios, conviene escoger, en la medida de lo posible, los productos que tengan menos cantidad de ellos.

También es importante el capítulo de los restaurantes. Como norma, es preferible comer en casa. En los casos en que sea inevitable comer fuera, intentemos escoger establecimientos saludables (mejor comida tradicional que "comida basura") y aquellos que tengan cartas más adecuadas y ligeras, (ensaladas, verduras, pescado, fruta...) y con raciones adecuadas. Además, siempre podremos pedir pequeñas variaciones en el menú (cambiar la guarnición, a la plancha en vez de frito, con poca salsa...) para adecuarlo más aún a nuestras necesidades.

Por último, hay que mencionar la importancia de pequeños "trucos" o costumbres que nos ayudarán en nuestro propósito: calmar la sed con agua en vez de con un refresco; hacer la compra sin tener hambre; evitar los aperitivos, "chuches" y similares...

Todas estas pequeñas decisiones conforman, en su conjunto, el estilo de alimentación. Y, de acuerdo con los expertos, este estilo es un elemento clave para luchar contra el sobrepeso y mejorar la salud.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en agosto de 2010, a partir de informaciones de Consumer

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