En realidad... ¿tengo hambre o tengo apetito?

Suele entenderse por hambre la necesidad de comer, y por apetito el disfrute que acompaña al hecho de comer. La diferencia es importante porque, en el ámbito de la lucha contra el sobrepeso, no se debe pasar hambre, pero tampoco podemos permitirnos saciar siempre el apetito.

Muchas veces confundimos estos dos conceptos, y esa confusión nos puede llevar al sobrepeso al ingerir, por mero placer, más cantidad de comida de la que en realidad necesitamos. El hambre es la respuesta del organismo a una necesidad fisiológica vital de procurarse alimento. En el apetito influyen, además, otros muchos factores: olor, sabor, aspecto, costumbres, necesidades sociales o compensar mediante el placer de la comida determinados problemas o frustraciones.

El impulso de comer está regulado, sobre todo, por el hipotálamo, situado en el cerebro, que recibe información de diferentes partes del cuerpo: nivel de glucosa en sangre, sensación de plenitud del tracto digestivo, señales de los depósitos grasos, hormonas como la ghrelina y la leptina... En base a estas señales, el hipotálamo "decide" cuándo hay que comer, y se despierta la sensación de hambre.

El problema es que determinadas señales, más bien de carácter psicológico y placenteras, también influyen en las decisiones del hipotálamo. Las hemos citado más arriba (aspecto, olor, sabor, compensación de frustraciones...) y nos hacen pasar sutilmente del hambre al apetito. Y, muchas veces, de un peso adecuado al sobrepeso.

Porque es sabido que el sobrepeso se produce cuando se consumen de forma sistemática más calorías de las que se gastan. El problema es que este desequilibrio entre ingesta y gasto calórico está muy fomentado en las sociedades desarrolladas: comida apetitosa, abundante y barata, publicidad de alimentos insanos, sedentarismo...

Por todo lo anterior, es muy importante que siempre, antes de empezar a comer o continuar comiendo, nos hagamos con la máxima sinceridad esta pregunta: en realidad, ¿tengo hambre o apetito? Muchas veces no es hambre, sino la tentación de comer cosas apetecibles y obtener placer con ello. Incluso, determinados alimentos, como las grasas saturadas, el chocolate u otros dulces, producen cierta adicción.

Si tenemos problemas de peso, además de hacernos esa pregunta cada vez que estamos tentados de comer, y de responderla con sinceridad, deberíamos actuar en consecuencia: si es hambre, adelante; pero si es sólo apetito...

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en agosto de 2010, a partir de informaciones de El País

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