Hay que subir los impuestos
a la comida engordante

Hay que subir los impuestos a la comida engordante

Otro estudio, y no es el primero, revela que el consumo de comidas insanas y engordantes (hamburguesas, patatas fritas...) se reduciría de forma sustancial si se les aplicaran impuestos más elevados. Esta medida, además de beneficiosa para la salud de la población, sería justa: aquellos establecimientos y fabricantes que hacen incurrir en más costes al sistema sanitario público, deberían colaborar en mayor medida a financiarlo. Algo que, por cierto, es lo que ocurre con el tabaco.

Parece lógico pensar que, si se aumenta el precio de un producto (por ejemplo, subiendo los impuestos que lo gravan) disminuye su consumo. Y, en efecto, así es, según han demostrado diversos estudios. El último, uno dirigido por Janneke Giesen, de la Universidad de Maastricht (Holanda), publicado en "American Journal of Clinical Nutrition" y realizado sobre 178 universitarios.

Si tenemos en cuenta que este tipo de alimentos hipercalóricos son responsables, en gran parte, de la epidemia de obesidad que amenaza la salud de muchos ciudadanos, la medida de aumentar la fiscalidad de este tipo de alimentos parece muy conveniente de cara a mejorar la salud de millones de personas. Pero, además de disuasoria, sería una medida justa.

En efecto, los fabricantes y/o distribuidores de comidas insanas participarían en mayor medida en la financiación de los sistemas nacionales de salud, que se ven afectados por el sobrecoste originado en el tratamiento de las enfermedades ocasionadas, más o menos directamente, por los productos que venden. Ambas razones (disuasión y justicia) se esgrimen para justificar, por ejemplo, la mayor fiscalidad que tiene el tabaco en muchos países.

No se puede ocultar que las dificultades para aplicar estas medidas serían importantes. Por ejemplo, diferenciar un producto engordante de otro que no lo es, ya que en gran parte lo será o no en función de la cantidad en que se consuma. Otro problema surge del hecho de que ciertos productos, aun siendo engordantes, son muy saludables si se toman con moderación, como el aceite de oliva o los frutos secos.

Pero estos problemas no deberían ser obstáculo para que las autoridades se empleen a fondo en la tarea de intentar disuadir a los ciudadanos de consumir, al menos de forma habitual, determinados alimentos perjudiciales para su salud. Porque, además de la información (importancia de los etiquetados) y la educación a los consumidores, que son factores importantes, el económico no deja de ser un potente elemento disuasorio que habría que aprovechar.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en abril de 2011

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