Adelgacemos juntos

Un estudio, realizado en Estados Unidos, parece indicar que la obesidad podría "contagiarse" entre amigos: si un amigo mío engorda, yo tengo un 60% más de probabilidades de engordar que si ninguno de mis amigos cayera en ese trastorno. Además, el efecto es recíproco. Si bien esta influencia tiene que ser confirmada por estudios adicionales, podemos aceptarla de forma provisional y utilizarla de forma inversa en nuestro beneficio para adelgazar juntos.

El estudio a que nos referimos levantó en su día una gran expectación, dado que sus conclusiones eran ciertamente sugestivas. Se sabía que el sobrepeso y la obesidad se "contagian" dentro de la familia, lo cual es lógico si pensamos en la proximidad genética y en un incontable número de costumbres y gustos comunes, entre ellos los relativos a actividad física, nutrición, estilo de vida, etc.

Sin embargo, el estudio en cuestión (realizado sobre 12.000 personas de la ciudad norteamericana de Framingham a lo largo de 32 años y publicado en "The New England Journal of Medicine") pareció demostrar que este "contagio" se daba también entre amigos. La relación, además de recíproca, era también muy potente: como hemos indicado más arriba, el riesgo de obesidad se incrementaba en un contundente 60%.

Un aspecto que abunda en la amistad como elemento fundamental de esta influencia mutua es que dicha influencia no se daba en personas próximas (por ejemplo, vecinos) pero entre las que no existía amistad. Como aspecto llamativo, cabe citar que la relación era más notoria cuando los individuos eran del mismo sexo.

No obstante su interés, el estudio sólo indicaba que existía una correlación, pero no sus causas: hábitos compartidos, tendencia a relacionarse con gente semejante a uno mismo... Ni siquiera podía afirmarse en base a dicho estudio que hubiera una relación de causa - efecto. De ahí la importancia de investigaciones adicionales que lo aclaren.

Pero podemos aceptar de forma provisional las mencionadas conclusiones para tratar de utilizarlas en nuestro provecho. También podemos suponer, con cierta lógica, que la influencia funcione igualmente a la inversa y aventurar que el adelgazamiento es tan "contagioso" como la obesidad. Ciertos hechos contrastados, como la mayor facilidad para adelgazar en grupo, con respecto a intentar hacerlo solo, avalarían esta hipótesis.

Así, una iniciativa que puede ser muy interesante sería proponerse el cambio de ciertos hábitos, en busca de rebajar nuestro peso, en unión de algunos amigos o amigas que tengan el mismo problema. Por ejemplo, charlar dando un paseo, en vez de sentados en el bar; llevarse una fruta para acompañar al café del desayuno, en lugar del consabido cruasán; comer en restaurantes donde den comida saludable, en vez de en la típica hamburguesería... Los éxitos míos incentivarán los tuyos, y viceversa. Juntos, haremos el camino mejor.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en mayo de 2011

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