Prevenir la obesidad del niño con una buena alimentación durante el embarazo

Un estudio británico realizado sobre mujeres revela que la forma de alimentarse de la embarazada puede ser determinante a la hora de predisponer o no al niño a la obesidad. Esta predisposición es tan fuerte que, en base al estudio de la nutrición de la madre, se predice hasta el 25% de la obesidad futura de su hijo aún no nacido. Los cambios se producen en la expresión de los genes del niño.

Es cosa sabida que la obesidad de los padres favorece la de los hijos. Durante muchos años, se pensó que se debía sólo a dos causas: la herencia genética (en principio, un factor en el que no podíamos actuar) y la influencia ambiental, sobre todo en lo referente a cómo alimentábamos a nuestro hijo, con los hábitos consecuentes que creábamos en él y por efecto de la imitación.

Sin embargo, un interesante estudio realizado por científicos de la Universidad de Southampton (Reino Unido) ha demostrado que existe otro factor, y muy potente: la epigenética. En el trabajo, dirigido por Keith Godfrey, han participado también investigadores de Nueva Zelanda y Singapur.

Por epigenética suele entenderse los cambios en la expresión de los genes de un ser vivo sin que se produzca alteración de su ADN, es decir, de su herencia genética. Estos cambios ocurren, sobre todo, por efecto del medio ambiente.

La epigenética haría, por ejemplo, que dos gemelos (con idéntico ADN), sometidos a distintos ambientes, tuvieran una diferente "tendencia genética" a engordar. Esta diferencia no se debería a que tuvieran genes diferentes, sino a que sus genes se expresarían de diferente manera.

En el trabajo que nos ocupa se ha demostrado por primera vez que la nutrición de la madre puede cambiar la epigenética del hijo y crear en él una notoria tendencia a la obesidad. Además, esta influencia se producirá con independencia de que la madre esté o no obesa y del peso del bebé al nacer. Los investigadores analizaron los cambios producidos en cerca de 300 niños, y los compararon con su peso a los 6 y 9 años.

En base a todo lo anterior, parece claro que toda mujer embarazada tiene un motivo más para cuidarse y, con ello, cuidar también a su hijo. Su alimentación durante los nueve meses que lo llevará dentro es el principal motor del cambio en la epigenética del niño. Y esta influencia es tan fuerte que, como hemos comentado más arriba, puede condicionar hasta un 25% de la obesidad del pequeño que aún no ha nacido.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2011, a partir de informaciones de Europa Press

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