El Estado debe intervenir de forma más decidida contra la obesidad

Cada vez son más los expertos que piensan que la obesidad se está convirtiendo en una cuestión tan grave que el Estado debe intervenir. Ya lo ha hecho, con mejor o peor fortuna, en temas como el alcohol, el tráfico o el tabaco, y el problema de la obesidad (cada vez más extendido, cada vez más difícil) no parece menos grave.

Hasta ahora, la intervención de los gobiernos ha sido tan tímida (normas sobre etiquetados que no siempre se cumplen, recomendaciones, planes de educación y/o prevención poco decididos...), que un grupo de expertos ha unido sus fuerzas para pedir a las administraciones que hagan algo, ante la crudeza actual y la evolución previsible del problema en el futuro. Creen que los gobiernos deberían tomar medidas más drásticas.

Lo han hecho en una serie de artículos publicados en la prestigiosa "The Lancet". En ellos, afirman que ningún país ha sabido afrontar el problema hasta ahora. Aseguran también que, si bien es cierto que la obesidad es hoy día una cuestión de la máxima gravedad, en un futuro próximo lo será mucho más si no se hace nada decidido para cambiar la tendencia. En Estados Unidos, por ejemplo, el número de personas obesas pasará de una de cada tres en la actualidad a una de cada dos en un futuro próximo.

Estos expertos creen que, hasta el momento, las autoridades han mantenido posturas demasiado tibias. Por ejemplo, la ministra británica de Salud, Anne Milton, aboga por un "esfuerzo voluntario colectivo", y cita el compromiso del sector de poner la información sobre calorías en el menú como uno de los logros de esta política. Y mostró su deseo de que las empresas utilicen un etiquetado más informativo. Sin embargo, indicó que no tienen intención de poner impuestos especiales a las comidas poco saludables. Todo eso no es más que buenos deseos y buenos propósitos, y los pobres resultados a la vista están.

Frente a ellos, expertos como Boyd Swinburn, que trabaja para la OMS en Australia, acusan a los gobiernos de ser demasiado lentos, y comparan las tácticas de las compañías de alimentación con lo que hicieron las tabaqueras durante décadas: conseguir que la población se vuelva adicta a sus productos mientras bloquean cualquier iniciativa en su contra gracias a la influencia que tienen en los gobiernos.

Ante la actual pasividad de las administraciones, el grupo de expertos mencionado más arriba propone medidas mucho más contundentes, por el bien de la salud de la sociedad: restricción o prohibición de la publicidad de la comida "basura" y de los refrescos; poner impuestos especiales a los alimentos poco saludables; incluir advertencias obligatorias en los etiquetados de ciertos alimentos o promover programas educativos eficaces en los colegios son algunos ejemplos de sus propuestas.

Incluso, abogan por intervenciones concretas, como operaciones de estómago en los casos más graves o programas específicos para familias con niños obesos. Así, vemos que cada vez son más las voces, tanto de expertos como de simples ciudadanos preocupados por el problema, que exigen a las autoridades que se dejen de "paños calientes" y acometan actuaciones más decididas. Esperemos que no tarden en hacerlo tanto como tardaron con el tabaco, porque el problema no es menos grave.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en octubre de 2011

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