Algunas cosas que engordan (y no todas se comen)

Un estudio norteamericano, amplio y prolongado en el tiempo, nos muestra algunas cosas que engordan y otras que adelgazan. Una de las enseñanzas más importantes es que no sólo cuenta la cantidad que se come, sino también su calidad nutricional. El estudio también señala la importancia de llevar una vida activa, así como de otros factores, algunos de ellos sorprendentes.

El interés del estudio que comentamos radica en la forma en que se planteó. Se realizó sobre más de 120.000 hombres y mujeres norteamericanos durante un intervalo de tiempo variable entre 12 y 20 años. Los participantes contestaron, cada dos años, a una amplia encuesta en la que se pretendía averiguar cuáles eran sus costumbres, tanto alimenticias como no alimenticias, y cuál era su peso.

Con ello, y utilizando complejas técnicas estadísticas, trataron de averiguar qué factores influyen realmente en el peso de las personas, sin partir de posturas preconcebidas. Es decir, dejaron que "hablaran las cifras". Y, dada la gran cantidad de personas y el tiempo en el que se basó el estudio, lo que les contaron las cifras tiene, probablemente, gran fiabilidad. Quizá deberíamos tomar buena nota de sus conclusiones y aplicárnoslas a nosotros mismos.

Los participantes, al comienzo del análisis, eran hombres y mujeres que no presentaban obesidad. El primer dato que llama la atención es la evolución media del peso de las personas sometidas a estudio: aumentaron un total de 7,3 kilos después de las dos décadas que duraron las investigaciones.

Comencemos con la comida. Los autores afirman que el principal factor a la hora de mantener el peso es el tipo de alimentos que se comen, y no tanto su cantidad. La lista de alimentos que tomaban con más frecuencia aquellos que más engordaron está encabezada por las patatas fritas, que suponían, de media, un aumento de peso de 1,49 kilos cada cuatro años. Así, ser aficionado a comerlas habitualmente nos "garantiza" una subida de peso de casi siete kilos y medio después de veinte años.

Los siguientes puestos fueron ocupados, a bastante distancia, por las bebidas azucaradas (0,44 kilos cada cuatro años), carnes rojas y procesadas (0,41 kilos), dulces y postres (0,18), granos refinados (0,17), otros alimentos fritos (0,14) y zumos (algo menos de 0,14). Los lácteos (enteros o desnatados) no tuvieron efecto medible en el peso, mientras que el yogur, las frutas, los vegetales en general y los productos a base de harinas integrales tuvieron la virtud de reducir el peso de quienes los ingerían con asiduidad.

Por lo que se refiere a aquellos factores distintos de la alimentación, el mayor susto nos lo da el tabaco: quienes dejaron de fumar durante el periodo estudiado incrementaron su peso la friolera de 2,27 kilos cada cuatro años. Este dato, evidentemente, no habla en favor de no dejar el tabaco, que en general provoca más daño a la salud que la obesidad, sino de intentar no adquirir el vicio. Y los que ya lo tengan deben saber que tendrán que hacer un esfuerzo suplementario cuando lo dejen, si no quieren coger una cantidad considerable de kilos.

Las buenas noticias vienen de parte de la actividad física, que supone adelgazar una media de 0,77 kilos cada cuatro años si se practica habitualmente. Y eso, por supuesto, además del efecto positivo que tiene en nuestra salud por otros motivos. Por el contrario, costumbres sedentarias, como ver en exceso la televisión, harán sufrir más a nuestra báscula.

Por último, el efecto de otros factores puede resultar sorprendente. Por ejemplo, dormir demasiado (más de ocho horas) o demasiado poco (menos de seis), engorda. Y, por lo que se refiere al alcohol, su consumo no tuvo efectos perceptibles mientras se mantuviera en cotas moderadas; sin embargo, al incrementar su ingesta sí se detectó un aumento de peso desaconsejable .

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en octubre de 2011

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