Descubren cómo se transforma la grasa blanca en parda

Un ambiente físico y social estimulante, incluso estresante, hace que la grasa blanca se transforme en parda, con lo que se queman más calorías y se adelgaza. Pero, además, el equipo de investigadores que ha realizado este descubrimiento ha identificado la proteína mediante la cual se produce dicha transformación. Y esa proteína podría ser la base de un tratamiento futuro contra la obesidad.

Vaya por delante que todo lo descubierto se ha hecho en ratones, con los que existe una evidente distancia respecto al metabolismo humano, más complejo. No obstante, el estudio tiene un indudable interés y ha despertado expectativas razonables de que pueda ser, en el futuro, la base de un tratamiento eficaz contra el exceso de peso.

La existencia de grasa parda en adultos y su función beneficiosa de consumir calorías es un descubrimiento bastante reciente (ver "La grasa parda de nuestro cuerpo, una grasa que adelgaza"). La investigación a que hacemos hoy referencia va bastante más allá, al indicar un mecanismo mediante el que la grasa blanca se transforma en parda (la estimulación social) y, lo que puede ser aún más importante, ha identificado el proceso bioquímico mediante el que esta transformación se produce. Al menos, en ratones.

El autor de estos descubrimientos, publicados en "Cell Metabolism", ha sido un equipo del Centro Médico de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) dirigido por Matthew J. During, profesor de Neurociencia. Este equipo ya había obtenido éxitos anteriores en el estudio de los efectos de la estimulación social en la fisiología de los roedores.

Los experimentos demostraron que, cuando los ratones se encuentran en un ambiente estimulante, con abundantes retos físicos y sociales, incluso en un entorno estresante, transforman una parte de su grasa blanca en parda. Con ello, se hacen resistentes a la obesidad, incluso en presencia de comida abundante, y aunque coman más. Pudo comprobarse que la razón se debía a un mayor consumo de energía (por ejemplo, su temperatura aumentó), más que a una inhibición del apetito.

En concreto, los animales que tenían mayores estímulos redujeron su grasa blanca abdominal casi en un 50% y no engordaron, a pesar de ser alimentados con una dieta rica en grasas. En próximas investigaciones, el equipo pretende identificar los factores concretos (estimulación sensorial, cognitiva, motora, social...) que producen dichos cambios en su metabolismo.

Estos descubrimientos, si bien tienen un gran interés científico, no se prestan, sin embargo, a una aplicación directa a las personas que luchan contra su obesidad, pues no parece razonable someterlas a estímulos sociales estresantes para lograr que reduzcan su peso. Por ello, la segunda parte de la investigación adquiere una singular importancia, pues se centró en la identificación de los mecanismos bioquímicos mediante los cuales se producen los cambios mencionados.

Los investigadores pudieron comprobar que se activa una ruta nerviosa y bioquímica desde el hipotálamo (una parte del cerebro que controla determinadas funciones básicas, como el equilibrio energético) hasta las células de grasa blanca. En ese proceso se produce en el hipotálamo la proteína BDNF, que activa ciertos genes que producen grasa parda, a la vez que suprime otros que favorecen la creación de blanca. El resultado: más parda y menos blanca.

En base a lo anterior, los investigadores confían en poder inducir esta transformación mediante la estimulación farmacológica de esta proteína en personas con problemas de obesidad. Esto haría que en su organismo se creara más grasa parda, en detrimento de blanca. Y, como consecuencia de ello, quemarían más energía y reducirían su peso.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2011

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