La dieta más sana según Harvard

Un equipo de expertos de esta prestigiosa universidad hace su propuesta para alimentarse de una forma sana. Más que rebatir, matiza las recomendaciones de otras dietas desarrolladas anteriormente por entidades de prestigio, y concreta algunos aspectos de interés en los que estas no entraban. Por ejemplo, saca a la patata de la familia de las verduras, al menos por lo que respecta a sus cualidades como nutriente, que resulta no ser tan saludable como el resto de ellas.

Durante estos últimos años han surgido algunas propuestas serias relativas a una alimentación sana (en especial, para luchar contra la obesidad y la diabetes) que intentaban fijarse en la mente de los ciudadanos adoptando formas o símbolos característicos. Concretamente, han logrado gran popularidad la Pirámide Alimenticia y, hará cosa de un año, "My Plate" (Mi Plato), propugnada por el Gobierno de los Estados Unidos, que corregía en algunos aspectos a la anterior y se presentaba en forma de plato.

Ahora, dando un paso más hacia adelante, un grupo de expertos de Harvard presenta el "Healthy Eating Plate". Como hemos dicho, más que arremeter contra el anterior, lo matiza y aporta pequeñas aunque interesantes correcciones. Los autores añaden que está basado en estudios más recientes y libre, además, de presiones o influencias de los grupos de intereses que tanto se hacen notar en el país mencionado más arriba. Tiene también forma de plato, dividido en las cuatro partes fundamentales que componen la dieta.

La primera de dichas partes está formada por las verduras, que deberían aportar en torno a un tercio de las calorías totales de la dieta. Deben ser aliñadas y cocinadas con grasas sanas, con el aceite de oliva como mejor exponente de ellas, y evitar en lo posible las que no lo son: mantequilla, ciertas grasas vegetales como las de coco o palma y, por supuesto, las grasas trans.

Sin embargo, en este grupo de verduras recomendables (que, por cierto, debería ser lo más variado posible) ha de consumirse con moderación la patata, ya que tiene mucho almidón, y este presenta efectos similares a los cereales refinados y el azúcar. Y dicha limitación reza tanto para las patatas fritas como para las cocidas.

La segunda clase de nutrientes, los cereales integrales, deberían suponer un cuarto de las calorías totales de la dieta. A evitar, en lo posible, los refinados, como los arroces y panes blancos. La misma proporción de calorías (un cuarto) deberían suponer las proteínas saludables. Sobre todo, pescados y aves, en detrimento de las carnes rojas y las procesadas.

El resto de la dieta debería estar compuesta por fruta variada y de diferentes colores, ya que así se garantiza la ingesta de los diversos nutrientes que requiere nuestro organismo. Por lo que respecta a los lácteos, esta dieta es más restrictiva que otras, pues recomienda sólo una o dos raciones diarias de leche o sus derivados.

Por último, en lo referente a la bebida, aconseja limitarse a agua, té o café, sin azúcar o con poca cantidad de ella. Y, por supuesto, evitar las bebidas azucaradas, que contribuyen en gran medida a la aparición de la obesidad y la diabetes. Y, aunque no sea propiamente parte de la dieta, los expertos de Harvard no pueden evitar recomendar la actividad física, a la que achacan ni más ni menos que la mitad del éxito a la hora de controlar el peso.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en abril de 2012

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