No sólo importa lo que comes, sino también cuándo lo comes

Hacerlo sin horas y entre horas supone una alteración de los biorritmos que tiene como consecuencia una mayor obesidad, a igualdad de calorías consumidas. Si a eso se suma que si comemos “a capricho” es más fácil ingerir una mayor cantidad de alimento, se entiende la importancia de cumplir los horarios a la hora de comer.

Nos damos cuenta de las consecuencias de no respetar los biorritmos cada vez que sufrimos el famoso “jet-lag”, que supone un desajuste entre nuestro reloj biológico interno y las actividades que se realizan, entre otras comer, beber y dormir. Puede suponer malestar general, mareos y trastornos del sueño, entre otros efectos perniciosos.

De forma similar, se producen desajustes de nuestros biorritmos cuando comemos unos días a las doce, otros a las tres, y otros no comemos. Y también, por supuesto, cuando comemos entre horas. La consecuencia de este desajuste, según acaba de mostrar un reciente estudio, es que engordamos más, incluso aunque comamos la misma cantidad de calorías al final del día.

Dicho estudio, publicado en “Cell Metabolism”, ha sido realizado por investigadores del Departamento de Gastroenterología de la Universidad de California, en Estados Unidos. Su autor principal ha sido Satchidananda Panda, del Instituto de Estudios Biológicos, y su objetivo era comprobar si el respeto de los ciclos naturales del organismo puede proteger de la obesidad y de otros problemas metabólicos, como la diabetes. Y el resultado ha sido afirmativo, al menos en ratones.

Alimentaron durante algo más de cuatro meses (18 semanas) a dos grupos de roedores, uno con una dieta estándar, y otro con una dieta alta en grasas. Cada uno de los grupos fue dividido, a su vez, en otros dos, de forma que el primero podía comer cuando quisiera, y el otro se sometió a un estricto horario de comidas cada ocho horas. La ingesta calórica de los cuatro grupos fue la misma.

Los investigadores comprobaron que los que estuvieron sometidos a horario en sus comidas quedaron protegidos de la obesidad, tanto si tomaron una dieta normal como si lo hicieron rica en grasas. Ganaron menos peso que los que comieron sin respetar horarios y, además, mostraron menos tendencia a sufrir enfermedades metabólicas, como la diabetes.

Panda lo explica afirmando que “cuando comemos aleatoriamente, algunos genes no están completamente encendidos o apagados”, lo que significa que a veces ciertos órganos, como el hígado o el intestino, funcionarán a su máxima eficiencia, y otras estarán más o menos dormidos.

Los investigadores proponen un tratamiento de la obesidad más fácil y menos costoso que la reducción calórica, las píldoras o la cirugía. Si se añade a esto que, cuando se incumplen los horarios es más fácil aumentar la ingesta total de calorías (entre otras razones, porque no somos conscientes de lo que comemos), se puede concluir que comer cumpliendo horarios puede ser una de las formas más rentables de luchar contra el sobrepeso y la obesidad.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en septiembre de 2012

Más noticias sobre:

Volver