Los refrescos azucarados engordan más de lo que dicen sus etiquetas

Y eso que dicen mucho. Una lata de Coca-Cola, por ejemplo, tiene 139 kilocalorías; si alguien se toma tres al día (nada raro, por otra parte), ya tenemos 417 kilocalorías de más. Pero no es eso lo peor, ya que los expertos sospechan, cada vez con más pruebas, que el efecto engordante de las bebidas azucaradas, además de las calorías que contienen, se debe a que hacen que se expresen con más fuerza los genes que marcan una predisposición a la obesidad en aquellas personas que los tienen.

El estudio, publicado en "New England Journal of Medicine", ha sido realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Se basaron en tres estudios previos de salud realizados sobre 6.934 enfermeras, 4.423 varones profesionales de la salud y 21.740 mujeres participantes en un estudio de salud. El total da una cifra nada despreciable de más de 33.000 personas.

Se reunieron datos de todos ellos relativos a su IMC, consumo de alimentos y bebidas, y en concreto su consumo de refrescos azucarados. También se determinó para cada persona su tendencia genética a la obesidad, obtenida sobre la base de 32 variaciones genéticas en el ADN conocidas por su relación con el IMC. Una vez reunida esta información, se dividió a los participantes en cuatro grupos, de menos a más consumo de refrescos azucarados: menos de una bebida al mes; entre 1 y 4 al mes; entre 2 y 6 a la semana y 1 o más al día.

Se pudo apreciar una correlación clara entre el consumo de bebidas azucaradas, predisposición genética a la obesidad y riesgo de sufrir dicha obesidad. Los expertos han interpretado esta correlación diciendo que el consumo de este tipo de bebidas amplifica la predisposición genética de una persona a engordar. Y este es un efecto que se suma al engordante de las calorías consumidas cuando se ingieren estas bebidas que, como hemos vista más arriba, no es despreciable.

Para ilustrar lo anterior, dichos expertos afirman que los efectos genéticos sobre el IMC (es decir, la influencia de la genética sobre la obesidad) de las personas que estaban en el grupo cuarto fue aproximadamente el doble que el de las personas con la misma predisposición genética pero que estaban en el grupo primero.

Si tenemos en cuanta que, además de todo lo anterior, las bebidas azucaradas se consumen como acto social entre adolescentes; su consumo suele asociarse a otros alimentos salados y muy calóricos; su exceso puede provocar hipertensión, diabetes y otras enfermedades y, por último, que son nutrientes pobres con baja capacidad de saciar y rápida absorción, concluiremos que convendría desterrarlas de la dieta con la máxima urgencia.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2012

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