La dieta de adelgazamiento definitiva

Las mujeres españolas siguen, a lo largo de su vida, un promedio de 94 dietas con una duración media de 4 semanas cada una. Sin embargo, tanto esfuerzo no parece que haya tenido muy buen resultado, pues el 45% de ellas tiene sobrepeso. Las dietas adelgazan, es cierto, pero después se produce siempre el temible "efecto rebote", con lo que se recupera el peso perdido, y a veces más. Quizá ha llegado el momento de seguir la dieta definitiva.

La evidencia científica no deja muy bien a la multitud de dietas (hay registradas más de 130) que nos prometen adelgazar de forma rápida. Y ese es el problema: en la acelerada y estresante sociedad actual queremos resultados rápidos, y eso precisamente es lo que nos prometen: perder 8 o 10 kilos en un mes. Y es posible que se consiga, aunque a veces sea a costa de incurrir en riesgos para nuestra salud.

Pero el problema reside en que, cuando abandonamos la dieta y volvemos a nuestras costumbres anteriores, recuperamos el peso perdido. Y es lógico, porque el cuerpo reacciona, tras un periodo de escasez de comida, acumulando reservas en previsión de un nuevo periodo de escasez. Es un mecanismo de supervivencia evolutiva fraguado durante milenios que ahora se vuelve contra nosotros.

La única solución razonable es negarse a seguir ninguna dieta que no estemos dispuestos a seguir toda la vida. Y esa dieta no puede ser, evidentemente, a base de comer solo alcachofas, espárragos, jamón o cualquier otro alimento que a alguien se le haya pasado por la cabeza. Debe ser una dieta equilibrada, razonable y, sobre todo, que seamos capaces de mantener de forma indefinida.

El objetivo, por supuesto, no puede ser a corto plazo. Bajar un par de kilos al mes, o incluso solo uno, puede parecer poco, pero después de un año la cosa cambia. Una vez conseguido un peso que para nosotros sea razonable (que, tal vez, esté todavía alejado del peso que considerábamos "ideal"), el objetivo será mantenerlo. Y eso sin desechar la posibilidad de que, tras una temporada sin recuperar lo perdido, nos atrevamos a acometer metas más ambiciosas.

No hay que olvidar que rebajar, por ejemplo, seis u ocho kilos de forma indefinida supone una muy buena mejora de nuestro estado de salud. Y si hablamos del tipo, desde luego que se nota, aunque nuestra preocupación debe ser siempre la salud, muy por delante de la estética.

Así, la dieta definitiva no puede ser otra que cambiar nuestras costumbres de una forma razonable y para siempre. Sustituir los alimentos engordantes e insanos (fritos, bollería, embutidos, precocinados, refrescos...) por otros más sanos (frutas, verduras, carnes magras, fibra, legumbres, productos integrales...), que se pueden cocinar según recetas de cocina apetecibles. Y, además, sin necesidad de pasar hambre.

El cambio no tiene por qué hacerse de un día para otro. Podemos tomarnos un tiempo y hacerlo de forma paulatina. Por otra parte, si conseguimos que las personas que convivan con nosotros se mentalicen de la misma forma, todo será más fácil. Además, en nuestro país contamos con la ayuda inestimable de una Dieta Mediterránea muy sana, variada y asequible que está todavía, por fortuna, dentro de nuestra cultura. Por algo fue declarada en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en julio de 2013

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