La epigenética, una tercera vía de transmisión de la obesidad a nuestros hijos

Es sabido que los hijos de padres obesos tienen más probabilidades de ser también obesos. Y siempre se había dicho que hay dos formas de transmitir esa obesidad: mediante la transmisión a los hijos de ciertos genes que predisponen a la obesidad y transfiriendo a nuestros vástagos hábitos poco saludables que inducen en ellos el aumento de peso. Pero hay una tercera vía, la epigenética, de la que se pueden desprender interesantes consejos.

De forma simplificada, puede decirse que la epigenética condiciona la expresión o no de ciertos genes mediante la exposición de un individuo a unas determinadas condiciones ambientales, entre las que tiene gran importancia la alimentación. La epigenética, por tanto, es en parte modificable (contrariamente a la información genética, que en principio no lo es) si sometemos al individuo a diferentes estímulos.

Por decirlo de otra manera, la genética nos dota (a nosotros y a nuestros hijos) de determinados genes que supondrán ciertas características, como el color de los ojos o el peso corporal. Y la epigenética, que también es en gran parte heredable, hace que ciertos genes se expresen (es decir, actúen), y otros no lo hagan. Es la combinación de ambas (genética y epigenética) lo que determina cómo serán nuestros hijos, además de la influencia de las condiciones ambientales que les procuremos.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en el caso de dos larvas de abeja iguales. Si una de ellas es alimentada con jalea real, se produce la silenciación epigenética de un gen, y esa silenciación (es decir, que el gen no actúa) permite que la larva se transforme en reina. Si, por el contrario, la alimentación es pobre en jalea real, ese gen no resulta silenciado y la larva se transforma en una obrera. Resulta sorprendente para el profano ver en acción a la epigenética: lo distintas que son reina y obrera, teniendo en cuenta que ambas larvas tienen la misma dotación genética.

Hay que destacar una diferencia importante, para nosotros, entre genética y epigenética, que hemos comentado unas líneas más arriba. Y es que en la primera difícilmente podemos intervenir, pero sí en la segunda; y estamos comenzando a atisbar las enormes posibilidades de esta intervención. La investigación que traemos a nuestras páginas en este artículo es un buen ejemplo de ello.

Ha sido realizada por un grupo de científicos de la Universidad de Ohio (Estados Unidos), encabezado por Felicia Nowak, profesora de Ciencias Biomédicas en esa universidad. El trabajo ha sido presentado en la reunión anual de la Sociedad Endocrina celebrada en San Francisco.

El equipo dividió en dos grupos, de forma aleatoria, un conjunto de ratones machos. El primer grupo quedó de control y el segundo fue alimentado con una dieta rica en grasas durante 13 semanas, con lo que indujeron en ellos obesidad. Después, los individuos de ambos grupos fueron juntados con hembras para que tuvieran descendencia. Todos los hijos fueron alimentados con una dieta normal.

Los hijos de los ratones de control, como era de esperar, fueron ratones normales, pero los hijos de los ratones obesos (que, no hay que olvidar, no eran genéticamente diferentes de los de control) tuvieron hijos varones obesos, a pesar de que crecieron separados de sus padres y fueron alimentados de la misma forma que el resto. La dieta grasa de sus padres varones había inducido cambios epigenéticos que indujeron obesidad en los hijos del mismo sexo.

Además de un mayor peso, tenían diferente composición en su grasa corporal, lo que constituye un marcador que indica una mayor propensión hacia ciertas enfermedades. Sin embargo, esos mismos ratones tenían también un nivel de actividad física mayor que los hijos de los ratones de control, lo que podría compensar en parte los efectos negativos de su obesidad.

Esta investigación es un buen ejemplo de la tercera vía de transmisión de la obesidad de la que estamos hablando en este artículo. Felicia Nowak resume su investigación diciendo que "hemos identificado una serie de características que pueden afectar al metabolismo y al comportamiento de los hijos que dependen de la dieta que llevaba el padre antes de la concepción."

El equipo va a seguir investigando para tratar de encontrar qué genes han resultado afectados por este comportamiento de los padres, a fin de conocer más sobre los factores epigenéticos de la obesidad humana. Estas investigaciones, junto a las de otros muchos equipos en el mundo, están configurando a la epigenética como una de las grandes esperanzas en la lucha contra la obesidad.

Y, aunque aún falta mucho por conocer sobre este tema, es bueno saber que, si seguimos una dieta inadecuada, aunque sea antes de engendrar a nuestros hijos, es posible que les transmitamos nuestra obesidad por esta tercera vía. Por el contrario, si adquirimos costumbres saludables, es muy posible que los beneficiados seamos, además de nosotros mismos, también nuestros hijos.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en septiembre de 2013

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