3 Consejos para vencer el hambre emocional

El hambre emocional se basa en patrones de conducta que tenemos asociados con comer, y que no tienen que ver con el hambre física, como por ejemplo comer chocolate o helado cuando andamos deprimidos, o pizza, patatas y cerveza porque hay partido esta noche, o nos premiamos saqueando la nevera por haber llegado con cierta entereza al final de un día perruno. Estas conductas nos hacen en un principio sentir bien, pero vienen acompañados de consecuencias que no nos gustan tanto: exceso de peso, dolor de estómago, culpa, empacho, cansancio...

En este artículo vamos a ofrecer 3 soluciones para que puedas romper esos patrones de conducta de manera efectiva.

Tomar Conciencia de esos Patrones de Conducta

Una manera fácil de conseguirlo es iniciar un diario de alimentos y bebidas en el que iremos anotando todo lo que comemos y bebemos, y si hay alguna emoción asociado con ello, como por ejemplo: " a las 17h estaba aburrida y me comí dos bocadillos de beicon con queso, aunque no tenía hambre física".

Ser consciente de que hemos creado patrones de conducta entre según que emociones sentimos, y que comemos es el primer paso para poder empezar a romper ese patrón.

Aprender a diferenciar el hambre emocional del hambre física

El hambre física aparece cuando los niveles de glucosa en sangre van bajando, este hambre va apareciendo de manera gradual. Por el contrario, el hambre emocional es impulsiva, aparece de golpe, y suele estar asociada a cosas apetecibles aunque poco saludables y de capricho, por ejemplo, bollería con chocolate, pizza familiar con "de todo",…

Buscar Alternativas Saludables

Una vez seamos conscientes de la relación que hemos creado entre según qué emociones sentimos y qué comemos, es hora de buscar alternativas saludables que nos hagan sentir bien, pero que no tengan consecuencias indeseables. Buscaremos alternativas que nos sean comida, como por ejemplo:

Estoy algo deprimida: Puedo optar por llamar a una amiga por teléfono; o dar una vuelta; o escribir lo que siento dando rienda suelta a mis emociones.

¡He aprobado el examen!: Me puedo premiar con un baño de sales marinas, o me voy a un centro a que me hagan un masaje, o llamo a un amigo para ir a ver una puesta de Sol.

Al llegar a casa por la tarde: Me pongo la música que se que me hace sentir bien, y me relajo bailando un poco. Me preparo un zumo natural para recargar pilas.

Alternativas saludables hay a raudales, lo único que necesitas es incorporarlas a tu vida, y obtener todos los beneficios que albergan.

Como hemos visto para domar a ese pequeño monstruo que es nuestro hambre emocional, el primer paso es tomar consciencia de cuando desarrollamos esos patrones de conducta. El segundo, aprender a diferenciar el hambre emocional de la física, y el tercero, buscar alternativas que nos hagan sentir bien emocionalmente pero sin consecuencias indeseables para nosotros. Contar con la ayuda de un terapeuta especializado te facilitará este proceso.

Artículo elaborado por Mentxu DaVinci Naturópata, Especialista en PNL y cambio de hábitos http://armoniacorporal.es

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