Enfermedad mental y obesidad

La relación entre enfermedad mental y obesidad es en los dos sentidos. Por una parte, dicha enfermedad es un factor de riesgo de obesidad, ya que estos pacientes suelen tomar determinados fármacos que inducen a ella, entre otras razones. Por otra, sufrir obesidad puede ser causa de agravamiento del estado físico y psíquico de estos pacientes. Por ello, se les debería concienciar de la importancia (y la eficacia) de seguir un tratamiento para controlar el peso.

La tasa de obesidad entre las personas que sufren alguna enfermedad mental es mucho más elevada que entre las que no la sufren. Las razones son varias; entre otras, algunos de los medicamentos que deben tomar tienen, como efectos secundarios, un aumento del apetito y una tendencia al sedentarismo. A ello se suma que, en ocasiones, sufren problemas de memoria, lo que dificulta el control de la comida que se ingiere. Además, ante la gravedad de sus problemas, la cuestión del aumento de peso puede parecer secundaria.

Sin embargo, no lo es tanto. Lo cierto es que este tipo de pacientes pueden tener problemas cardiovasculares que la obesidad que sufren no haría más que empeorarlos. Y, por otra parte, dicha obesidad puede agravar determinados problemas depresivos, de autoestima o de relación social, aspecto que puede complicar los tratamientos a que deben someterse.

Un grupo de investigadores, entre los que figura el español Eliseo Guallar, del Departamento de Epidemiología y Medicina de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, en Baltimore (Maryland, Estados Unidos), ha decidido que la cuestión es lo suficientemente importante como para dedicar sus esfuerzos. Guallar trabaja también en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). El estudio ha sido publicado en "The New England Journal of Medicine".

Los investigadores consiguieron la colaboración de 291 voluntarios, pacientes de 10 instituciones psiquiátricas de Baltimore con enfermedades mentales graves, entre las que se contaban esquizofrenia, depresión grave o trastorno bipolar. Todos ellos sufrían obesidad o sobrepeso, con un peso medio de casi 103 kilos.

Los dividieron de forma aleatoria en dos grupos. El primero, de control, solo recibió información sobre cómo controlar el peso. El otro se sometió a un programa de control de peso consistente en hacer ejercicio tres veces por semana de forma colectiva, en la institución a la que pertenecían. Además, participaron en sesiones periódicas informativas y con seguimiento profesional acerca del control de la alimentación.

Se midió la evolución del peso de los dos grupos después de 6, 12 y 18 meses. Al terminar ese año y medio, los resultados fueron bastante diferentes en uno y otro grupo, ya que la pérdida promedio de peso fue significativamente mayor en el grupo que había seguido el programa de adelgazamiento, en comparación con el de control. Y eso supuso una disminución no despreciable de sus riesgos cardiovasculares.

La conclusión de los expertos es que puede conseguirse un cambio en el estilo de vida de estos pacientes, y que este cambio les proporcionará un aumento de bienestar y de salud apreciables. En muchas ocasiones es más útil, en vez de pedirles grandes metas, la consecución de pequeños objetivos, como tomar raciones más pequeñas a la hora de comer o reducir su consumo de refrescos azucarados.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2013

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