Los edulcorantes artificiales pueden ser tan perjudiciales como el azúcar

Se sospechaba desde hacía tiempo, y eran cada vez más las voces que prevenían contra ellos, y tanto por razones psicológicas ("como me ahorro en los refrescos un montón de calorías, puedo tomar más de esto otro") como médicas: al parecer, podrían desorientar al organismo. Ahora, un trabajo afirma que los edulcorantes artificiales pueden suponer un problema para la salud tan grave o más que el azúcar y, además, engordar lo mismo.

Los edulcorantes artificiales, basados en tres o cuatro principios de los que se derivan muchos compuestos, se autorizaron en base a docenas de estudios que aseguraban su inocuidad. Pero el problema es que muchos de esos estudios estaban financiados, directa o indirectamente, por industrias productoras de los mencionados principios, y la cantidad de dinero que estaba sobre la mesa era tan elevada que muchos dudaron de la imparcialidad de esas investigaciones. La polémica continúa a día de hoy.

Nadie pone en duda que las bebidas azucaradas son perjudiciales para la salud, tanto por la obesidad que producen, debido a la gran cantidad de calorías que contienen, como por su relación directa con la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. Pero el estudio de Susan E. Swithers, profesora de Comportamiento Humano y Hábitos Alimenticios de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, alerta también contra los edulcorantes artificiales. La investigación ha sido publicada en "Trends in Endocrinology and Metabolism".

Por trabajos en humanos, se tienen pruebas de que no hace falta propasarse excesivamente en el consumo de bebidas con edulcorantes artificiales para perjudicar de forma notoria nuestra salud: basta tomar una bebida de este tipo al día. Las razones de esta afirmación, que quizá no es muy evidente, se detallan en los párrafos siguientes.

La primera, como ya se ha indicado, es psicológica: muchas personas preocupadas por su peso las consumen y reaccionan, consciente o inconscientemente, con el argumento de que, ya que ahorro aquí, puedo gastar más allá. El resultado neto de calorías de este razonamiento merma fuertemente el ahorro conseguido con las bebidas "light", y a veces el saldo resulta incluso contrario al esperado. Pero no eso todo.

A las razones psicológicas mencionadas se suman las biológicas. Por decirlo de una forma sencilla, un edulcorante artificial engaña al gusto, pero no al cerebro, que no lo percibe como el tan ansiado azúcar y lo busca en otros alimentos. Con ello, comemos más que si hubiéramos tomado una bebida con azúcar, que es reconocida como dulce tanto por el gusto como por los centros de placer del cerebro, que se quedan, al menos, ahítos de ella y no la buscan en otros alimentos adicionalmente.

La demostración de que el problema no es solo de tipo psicológico está en los experimentos realizados con roedores. Ellos no saben si lo que toman es "light" o no, ni parecen muy preocupados por su aspecto o su salud. Y en estos animales se ha demostrado el efecto comentado en el párrafo anterior: los roedores que toman edulcorantes artificiales se exceden con la comida dulce y rica en calorías más que los que no los toman.

Incluso, Swithers apunta que un consumo excesivo de edulcorantes artificiales puede llevar a problemas de metabolismo, además de circulatorios e hipertensión. Y, por lo que respecta estrictamente a la obesidad, se puede sufrir un aumento de peso con la ingesta de estos productos. Explica que, cuando se ingiere una dosis de edulcorantes, el organismo se prepara para metabolizar el dulce y segrega la dosis consiguiente de insulina. Pero no hay azúcar, así que se produce un desajuste metabólico por exceso de esta hormona. Y este exceso es dañino.

Cuando, por el contrario, se toma azúcar, es posible que el organismo, acostumbrado a percibir "dulce" que no lo es ni hace falta metabolizarlo, no actúe de forma adecuada y nos encontremos con un exceso de azúcar en la sangre para el que no hay la cantidad correspondiente de insulina. Estos desajustes metabólicos, que suponen algo así como engañar o confundir al organismo, pueden ser muy perjudiciales.

La investigadora concluye con la advertencia de que las campañas para limitar el consumo de bebidas azucaradas debería extenderse con la misma insistencia a las bebidas endulzadas artificialmente, pues suponen un peligro similar. Ante esto, el consumidor puede exasperarse, pues una vez más se le dice que esto es malo y lo contrario también. Pero la solución, aunque quizá resulte menos apetecible, es lo más sano, barato y adelgazante que hay: el agua. Solo es cuestión de cambiar las costumbres.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en marzo de 2014

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