Un ambiente fresco ayuda a perder peso

Pasar algo de frío obliga al cuerpo a hacer un esfuerzo para calentarse, y la energía para hacerlo sale de la grasa corporal. Por eso se adelgaza en ambientes frescos. Conocer lo anterior debería hacer que cambiáramos algunas costumbres en lo referente a la temperatura a la que fijamos el termostato de nuestra casa y del lugar de trabajo.

A la hora de buscar las causas de la epidemia de obesidad que nos azota desde hace varios decenios, siempre se hace la misma pregunta: ¿qué es lo que ha cambiado? Y habitualmente aparecen, con razón, los mismos culpables: cambios en la alimentación (se come de forma menos saludable) y en el ejercicio físico (hay más y mejores transportes, se trabaja con menos esfuerzo físico, el ocio se realiza casi siempre sentado...). Pero ahora es posible que se haya encontrado un tercer culpable.

En efecto, otra cosa que ha cambiado en estas últimas décadas es la generalización de los sistemas de calefacción que permiten mantener una temperatura agradable y uniforme con independencia de las condiciones del exterior, tanto en la vivienda como en el lugar de trabajo e incluso en los medios de transporte. Y esto puede tener también su parte de culpa en que cada vez gastemos menos energía. Y esta energía que no se gasta se deposita en el cuerpo en forma de grasa. Tener un ambiente cálido sería, de esta forma, semejante a no hacer ejercicio.

El lector puede preguntarse si hay alguna investigación seria que apoye lo anterior, es decir, que un ambiente cálido predispone a engordar. Y sí, desde luego que la hay. Desde hace más de diez años, un equipo de investigadores liderado por Wouter van Marken Lichtenbelt, del Centro Médico de la Universidad de Maastricht (Holanda), lleva trabajando en esta cuestión.

Una de sus conclusiones es que la exposición continuada a un frío leve hace perder peso, debido al gasto extra de energía necesario para mantener nuestra temperatura interna. Su investigación ha sido publicada en "'Trends in Endocrinology & Metabolism". Sin embargo, reconocen que se necesita investigar más los efectos a largo plazo de la exposición a temperaturas variables.

Pero no son solo ellos, ya que un equipo de investigadores japoneses llegó a conclusiones similares. Después de someter a un grupo de voluntarios a una temperatura de 17 grados durante dos horas al día, pudo apreciar que habían reducido la cantidad de grasa de sus cuerpos después de seis semanas. Por otra parte, los investigadores holandeses advirtieron que, tras exponer a los voluntarios a temperaturas frescas, aumentaba su proporción de grasa parda y se acostumbraban mejor al frío.

Lo anterior no es extraño si tenemos en cuenta que el consumo de energía para mantener la temperatura corporal dentro de límites adecuados puede suponer hasta un 30% de la energía total que gasta el organismo. Y, como es lógico, a mayor frío, mayor consumo. Por ello, pasar frío puede ser equivalente a hacer ejercicio, al menos en lo que al gasto de calorías se refiere. Y el efecto de mantener el ambiente muy caliente es minimizar ese gasto energético.

Por si lo dicho hasta ahora no bastara, hay un par de cuestiones más que hacen aconsejable vivir en ambientes frescos. En primer lugar, el uso excesivo de las calefacciones tiene el efecto de hacernos más vulnerables a los cambios repentinos de temperatura. Por otra parte, y aunque las ventajas son aquí para el planeta, bajar la temperatura del termostato supone un comportamiento más ecológico. Y también lo notará nuestro bolsillo a final de mes.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en mayo de 2014

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