Dormir poco engorda y aumenta el riesgo de diabetes

Aunque todavía no se conocen con seguridad los mecanismos últimos responsables de ello, ya se sabe con certeza: las personas que duermen menos de lo necesario desarrollan ciertos problemas metabólicos, por lo que engordan más, y tienen un mayor riesgo de sufrir diabetes tipo 2. Como, además, dormir demasiado poco puede conllevar otros problemas de salud adicionales, la decisión parece clara: hay que reordenar horarios para dormir el número adecuado de horas.

Son ya muchos los trabajos que relacionan con claridad el dormir menos de lo necesario con sufrir obesidad. El último de ellos ha estado liderado por Francisco Tinahones, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, y encuadrado dentro del CIBERobn (Instituto de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición).

Tinahones afirma que hay una relación muy directa entre dormir poco y ciertos trastornos metabólicos vinculados con la obesidad: a menos horas de sueño, más obesidad. Afirma también que existe una marcada correlación entre dormir poco y tener menos actividad física, por una parte, y entre dormir poco y comer más, por ejemplo en forma de picoteo entre horas. Estas relaciones se dan a todas las edades, pero en especial antes de los 40 años.

La revista "The Lancet" ha publicado recientemente una revisión de artículos que recoge las principales teorías que intentan explicar esta relación entre falta de sueño y desarreglos metabólicos. Una de las más acreditadas se refiere a la influencia del sueño en el metabolismo de la glucosa; es decir, en cómo el organismo gestiona el azúcar. Según ella, dormir demasiado poco provocaría una progresiva falta de sensibilidad a la insulina lo que, a la larga, puede ocasionar diabetes tipo 2.

Otra teoría que cuenta con numerosos adeptos estudia la manera en que la falta de sueño incide en una mayor ingesta de alimentos mediante un doble efecto: por una parte, ocasionaría una mayor producción de grelina, una hormona que despierta el apetito; por otra, disminuiría el efecto que tiene la leptina, que rebaja dicho apetito. La combinación de ambos efectos parece evidente: comer más y, por tanto, engordar.

En lo que todos los expertos coinciden es en que hay que seguir investigando las complejas relaciones entre el sueño (no solo la cantidad del mismo, sino también su calidad y las horas del día en que se produce) y determinados desarreglos metabólicos que pueden tener como efecto una mayor obesidad, con los problemas médicos y de todo tipo que esto ocasiona.

Por si lo anterior fuera poco, otras líneas de investigación sugieren que la falta de sueño podría también ocasionar otras enfermedades. Por todo ello, parece claro que es muy importante dormir bien. Si el problema está en que tenemos algún tipo de problema de sueño (insomnio, baja calidad del sueño...) lo que tendremos que hacer es visitar al especialista.

Por el contrario, si el problema está en que dormimos poco porque "tenemos muchas cosas que hacer", la solución está en concienciarnos de la importancia del problema y tomar las medidas correctoras que sean necesarias: organizar mejor nuestra agenda, renunciar a ciertas actividades, etc. Nuestro tiempo nos cundirá más y, sobre todo, nuestra salud y nuestra báscula nos lo agradecerán.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en julio de 2014

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