¿Puede contagiarse la obesidad?

Entre ratones, está demostrado; entre humanos, se sospecha. Si así fuera, se abriría la posibilidad de crear una vacuna que evitara, al menos en gran parte, los efectos devastadores de esta epidemia. Richard Flavell, uno de los científicos más destacados del mundo en estos temas, lo está intentando a la cabeza de un equipo de investigadores de la Universidad de Yale. Veamos qué perspectivas de éxito nos da.

Una de las apariciones más esperadas en los Disthinguished Seminars del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), celebrados recientemente en Madrid, ha sido la de Richard Flavell. Es un biólogo de 68 años que ha realizado a lo largo de su carrera investigaciones punteras en los campos de la genética y, más recientemente, de la obesidad. Trabaja en uno de los laboratorios de investigación biológica más destacados del mundo, el Howard Hugues de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Su equipo ha sido uno de los que ha demostrado que los roedores pueden contagiarse la obesidad cuando unos comen las heces de otros. En esos excrementos habitan ciertas bacterias que colonizan el intestino del receptor y, con ello, producen en él determinados cambios que le inducen a la obesidad. Y son precisamente estos cambios el objeto de sus investigaciones en los últimos dos o tres años.

Las bacterias que habitan en el intestino de un roedor y pasan a otro producen en este una variedad infecciosa de obesidad, que incluye diabetes y daños hepáticos. Estas son enfermedades que afecta a cerca de un 30% de la población humana de los países desarrollados. La forma en que actúan estas bacterias es uno de los campos de estudio del equipo de Flavell.

Al parecer, se alojan en el revestimiento interno del intestino; pasado un tiempo, lo dañan, lo atraviesan y pasan al torrente sanguíneo. De esta forma consiguen llegar al hígado, donde pueden producir daños severos al generar una respuesta inmunitaria, inflamación del órgano y deterioro del tejido, que almacena grasas. Esto produce obesidad y diabetes, según un mecanismo que están intentando dilucidar en estos momentos.

En humanos no se sabe si el mecanismo podría ser el mismo (las bacterias fecales están por todas partes) o semejante, pero el caso es que estudios de población han demostrado que estas transferencias de bacterias se dan también entre nosotros, por lo que podría considerarse que la obesidad es, al menos en parte, contagiosa. Aunque eso no quiere decir, por supuesto, que sea la única vía de contraer esa enfermedad.

El propósito del equipo de investigación encabezado por Flavell es identificar esas bacterias que se transfieren de unos humanos a otros, estudiar los daños que producen y encontrar la forma de evitarlo. Quizá en el futuro puedan proporcionarnos algo parecido a una vacuna contra la obesidad. En todo caso, el investigador afirma que la están buscando.

Que la obesidad pueda ser contagiosa no significa que el hecho de contraerla y, sobre todo, su evolución, no dependan de otros factores. Por ello, las costumbres relativas a la alimentación y la actividad física son, hoy por hoy, la mejor forma de mantener a raya a esta enfermedad. Aunque si en el futuro Flavell y los suyos consiguen una vacuna, o algo parecido, que contenga el avance de esas perniciosas bacterias, ese avance puede ser de una ayuda inestimable.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en julio de 2014

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