La obesidad es más dañina para la humanidad que el tabaco

A nivel mundial, la obesidad y, en general, la mala alimentación, es responsable de 3,4 millones de muertes al año y está considerada como una verdadera epidemia. Para muchos expertos, ya es peor que el tabaco. El problema es que, así como con el tabaco sí hubo una cierta unanimidad a la hora de decidir las medidas que había que tomar, no parece que ocurra lo mismo con la obesidad. ¿Qué podemos hacer?.

Quien ha puesto al problema de la mala alimentación por encima del tabaco ha sido Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para la Alimentación. Añade que, de la misma forma que el mundo se unió a la hora de tomar medidas contra el tabaco y ha conseguido en este campo avances notables, debería hacer lo mismo en lo relativo a la mala alimentación.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son contundentes: 1.400 millones de personas en el mundo padecen sobrepeso u obesidad y, de ellos, 3,4 millones mueren anualmente a causa de enfermedades (problemas cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer...) ocasionadas por la obesidad. Son cifras que dan que pensar y deberían obligarnos a tomar medidas.

Y aquí empieza el problema, ya que se han sugerido muchas, se han implantado algunas, pero ha faltado decisión y unanimidad. Schutter propone, desde la entidad que representa, cinco medidas que habría que tomar para atajar el problema: aumentar los impuestos a los alimentos menos saludables; regular la producción de alimentos con muchas grasas saturadas, sal o azúcar; limitar la publicidad de la comida basura; replantearse ciertos subsidios agrícolas que actualmente abaratan algunos productos poco sanos y, por último, apoyar a productores locales para que pongan en el mercado productos frescos, sanos y nutritivos.

La cuestión es que estas cinco medidas, según reconoce el propio Schutter, no se han puesto en práctica. Es más: los expertos ni siquiera muestran unanimidad acerca de ellas y, cuando se han impuesto, no ha sido con la decisión y perseverancia que serían necesarias. Así, y a modo de ejemplos, si bien es cierto que Dinamarca y Hungría plantearon poner una tasa a los alimentos con grasas saturadas, los daneses la retiraron dos años más tarde. Y en Nueva York, el popular Michael Bloomberg promovió la prohibición de las bebidas supergrandes, pero luego no llevó esta prohibición a la práctica.

A la vista de los datos relativos a esta epidemia, lo cierto es que no se puede ser muy optimista: aunque el sobrepeso se relaciona con el 23% de las enfermedades cardiovasculares y el 44% de los casos de diabetes, la OMS afirma que la obesidad no está disminuyendo en ningún lugar del planeta. Por el contrario, los alimentos precocinados y los refrescos azucarados se encuentran cada vez más extendidos por todos los países.

Por su parte, los productores de alimentos no parecen querer colaborar en la solución del problema, posiblemente con los ojos puestos más en sus cuentas de resultados que en la salud de la población. La patronal de la industria alimentaria española, por ejemplo, echa balones fuera y se apunta a la fiesta de la confusión al afirmar, entre otras cosas, que no hay alimentos buenos o malos, que la ingesta media de calorías ha bajado un 13% en los últimos 50 años y que la clave de la obesidad está en el sedentarismo.

Ante la incompetencia de las administraciones, la falta de la colaboración de la industria, la indefinición de los políticos y la poca unanimidad de muchos expertos, la epidemia no hace más que crecer. Esos 3,4 millones de muertos al año significan, sin pretender caer en un dramatismo exagerado, algo así como una guerra silenciosa pero implacable que ha acabado con más de 30 millones de personas en los últimos 10 años.

El lector se preguntará qué es lo que puede hacerse. En primer lugar, exigir a nuestros gobernantes que tomen medidas contundentes y rápidas al respecto. Mientras lo hacen, porque creemos que terminarán haciéndolo, lo mejor que puede hacer cada uno es informarse lo mejor posible, informar y convencer a las personas más próximas y actuar en consecuencia: comer mejor, moverse más y llevar una vida más sana.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en agosto de 2014

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