Cómo cambiar nuestros hábitos para perder peso II: Los objetivos y las tentaciones

Cómo cambiar nuestros hábitos para perder peso II: Los objetivos y las tentaciones

En esta segunda parte vamos a abordar dos temas muy importantes a la hora de conseguir cambiar los hábitos para reducir peso de forma permanente. En primer lugar, hay que saber que marcarse unos objetivos poco realistas es la mejor forma de garantizarnos el fracaso. Por otra parte, saber abordar de forma correcta las tentaciones es algo que puede prestarnos una gran ayuda para conseguir nuestros propósitos.

Ya está dicho más arriba: los objetivos deben ser realistas. La razón de ello es clara: si nos proponemos algo razonable y vemos que lo vamos consiguiendo, la motivación y las probabilidades de éxito aumentarán. Por el contrario, si no conseguimos los objetivos, por ser estos demasiado optimistas, entraremos en la espiral contraria: incumplimiento, desánimo, falta de motivación, menos esfuerzo, mayor incumplimiento de objetivos...

Hay que dejar claro, no obstante, que el cumplimiento de unos objetivos modestos (por ejemplo, perder cuatro kilos) puede suponer una ganancia de salud apreciable, siempre que se mantengan en el tiempo. Además, no se excluye la posibilidad de que, pasados unos meses durante los que consolidemos lo logrado, nos propongamos otros objetivos más ambiciosos que, de nuevo, deberán ser razonables.

No pueden darse pautas de lo que es o no razonable; cada uno sabrá cuál es la medida de sus fuerzas y sus ambiciones. Pero la regla de oro podría ser que más vale quedarse corto que largo. Y, muy importante, la norma inquebrantable debe ser que no se puede retroceder jamás: si nos sentimos ya escasos de fuerzas, nos quedaremos en el peso conseguido, pero nunca debemos permitirnos la flaqueza de retroceder.

Otra cuestión importante relativa a los objetivos es que debemos ponernos uno a largo plazo (por ejemplo, perder ocho kilos en un año), pero que es muy conveniente que lo desglosemos en objetivos más pequeños a corto plazo (por ejemplo, un kilo al mes los primeros seis, el resto en los seis siguientes, y luego mantener ese peso para siempre). Esto, como ya hemos comentado, favorece la motivación.

Esta progresividad en los objetivos supone que los cambios de costumbres deben ser también progresivos. Puede ser insoportable un cambio radical: de un día para otro, nos metemos dos horas diarias de gimnasio, nos quitamos los aperitivos, los precocinados, los refrescos, los dulces... Parece más razonable, y de hecho lo es, asumir estos cambios, algunos de ellos dolorosos, poco a poco.

La tentación es algo que requiere pocas explicaciones, porque todos hemos sentido sus garras en multitud de oportunidades. A veces, se convierte en una pesadilla, pues puede perseguirnos durante horas hasta que consigue que caigamos en ella. ¿Cómo resistirla? En parte, es una cuestión muy personal (cada uno tiene sus armas, sus trucos y sus debilidades), aunque al final es, en gran medida, una cuestión de fuerza de voluntad. No obstante, algunos trucos pueden ayudarnos a vencerla.

En primer lugar, es bueno desarrollar el reflejo de pensar en cómo nos sentiremos después de caer en la tentación, y cómo después de vencerla, si lo conseguimos. Otro aspecto importante es ser razonables a la hora de hacer la compra, para evitar tener en casa las tentaciones más insoportables: evitar aquellas cosas que, siendo poco saludables, sabemos que difícilmente las podremos resistir.

Para ello, es fundamental contar con la complicidad, apoyo y comprensión de la familia, ya que la compra se hace para todos. Y no solo en la cuestión de la compra, pues la colaboración de los familiares es muy importante a la hora de que no nos insistan en repetir, nos pongan raciones pequeñas, no nos tienten, etcétera. Y, por supuesto, si conseguimos que otro u otros familiares nos acompañen en la aventura que vamos a emprender, será más fácil obtener el éxito, y todos saldremos ganando.

En relación con las tentaciones, es importante conocerse, ya que cada uno puede desarrollar sus propias estrategias y trucos. Cierta persona, por ejemplo, conseguía un notable éxito a la hora de rechazar la bollería si se imaginaba que la masa del bollo que estaba mirando con tanta gula se desharía en su estómago y le iría taponando poco a poco las arterias. Cosa que, dicho sea de paso, es cierta en gran medida si hablamos de bollería industrial.

Otros comportamientos que pueden ser útiles frente a las tentaciones son la compensación y la distracción. El primero consiste en renunciar a la tentación a cambio de otra que, si bien quizá sea menos apetecible, al menos es más sana. Por ejemplo, renunciar a un helado a cambio de dos buenas rajas de sandía bien fría. La distracción, como su nombre indica, consiste en cambiar de sitio y actividad cuando vemos que la tentación nos va a vencer: si unas patatas fritas nos tientan con gritos cada vez más fuertes, podemos coger el teléfono y llamar a una amiga, o salir a dar una vuelta.

En la tercera parte de este artículo abordaremos los importantes temas de los incumplimientos, el fracaso y las excepciones.

Parte I: La motivación

Parte II: Los objetivos y las tentaciones

Parte III: Los incumplimientos, el fracaso y las excepciones

Artículo elaborado por Adelgazar.Net

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