El divorcio de los padres hace engordar a los hijos

Muchas veces, los problemas nunca vienen solos. Aunque las causas no están todavía claras, lo que sí parece cierto es que los hijos (varones) de padres divorciados tienen una probabilidad de sobrepeso mucho mayor (un 54% más) que los hijos de padres casados o que conviven sin estar casados. Si nos referimos a la obesidad, la probabilidad sube hasta el 89%. Entre las hijas también se da este efecto, pero de forma menos marcada.

El hecho de que el estudio se haya realizado en Noruega, un país con una sensibilidad social algo diferente a la del nuestro en este tema, no resta probablemente validez a las conclusiones del mismo. La investigación se realizó en más de 3.000 niños de ambos sexos, con una edad media de ocho años, de 127 escuelas del mencionado país nórdico.

En realidad, el problema podría ser todavía mayor. En el estudio se consideraron otras variables que podrían influir en el peso de los hijos, como el nivel educativo de la madre, la zona de residencia o el origen étnico del niño. Cuando se aisló, mediante las técnicas estadísticas adecuadas, el efecto de estos factores, resultó que la probabilidad de sobrepeso u obesidad del niño varón debido solo al divorcio de sus padres aumentaba al 63 y 104%, respectivamente, en lugar de los ya mencionados 54 y 89%.

Como se ha indicado más arriba, en el caso de las niñas también se pudo apreciar el mismo efecto, si bien de forma bastante menos significativa. Y los niños cuyos padres convivían sin estar casados presentaron unos índices semejantes a los hijos de padres casados. A pesar de la contundencia de estas cifras, los autores del estudio reconocen que este no permite establecer la relación de causa a efecto. Tampoco pudo analizarse la influencia (que podría ser importante) del tiempo transcurrido desde el divorcio de los progenitores.

Con respecto a las causas que pudieran ocasionar este aumento de peso en los niños, no están claras para los autores, aunque sugieren algunas que conviene tener muy en cuenta. Entre ellas, citan el menor tiempo que pueden los padres dedicar a las tareas domésticas (y en especial, a cocinar), el mayor consumo de precocinados y otros alimentos poco saludables (derivado de lo anterior) y unos ingresos familiares más bajos, al tener solo una renta en lugar de dos.

Otro tipo de factores podrían ser, siempre según los autores, los emocionales derivados de la separación de los padres, el posible cambio de vivienda y la necesidad de establecer nuevas relaciones sociales. Estos cambios podrían generar un estrés, tanto en el niño como en los padres, que podrían intentar contrarrestar comiendo más y peor. Por ejemplo, dando a los niños más chucherías, snacks y dulces para compensar el sufrimiento derivado de la separación.

Este estudio aporta consejos a los padres que estén en situación de separarse o lo hayan hecho recientemente. En primer lugar, hay que vigilar estrechamente el peso de sus hijos, porque lo cierto es que caer en la obesidad en una época tan difícil no sería más que añadir problemas (de salud, de autoestima y otros emocionales) a los derivados directamente del divorcio, que no son pocos.

A pesar de que una separación supone también para los padres, como es lógico, graves problemas y tensiones, estos deberían hacer un esfuerzo extra de dedicación y vigilancia, induciendo cambios saludables en el estilo de vida de sus hijos. Básicamente, comer mejor y moverse más. Y no estaría de más que ellos mismos se incluyeran también en estos cambios. Todos saldrían ganando.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en octubre de 2014

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