Modificar la flora intestinal podría ser una terapia contra la obesidad

Es uno de los campos más prometedores en la investigación de terapias contra el sobrepeso y la obesidad. Los diversos tipos de flora intestinal condicionan, entre otras muchas cosas, el aprovechamiento que hacemos de los alimentos. Así, si se logra cambiar la flora intestinal de un individuo obeso, se puede lograr también que aproveche menos lo que come y adelgace. No es solo una teoría, ya que se ha conseguido hacerlo en ratones.

Es un tema que adquiere cada vez más importancia y hemos tratado ya en algún artículo anterior. La mayor parte de la absorción del los nutrientes se realiza en el intestino delgado. En una persona adulta, tiene una longitud de unos siete metros, y cuenta con una superficie de absorción total de entre 130 y 140 metros cuadrados. Para hacerse una idea, es algo así como el doble de la superficie de un piso de tamaño medio.

La flora intestinal está constituida por millones de bacterias de muy diversos tipos, mediante las cuales se puede realizar la mencionada absorción de nutrientes. En gran medida, la proporción de bacterias que hay de cada tipo condiciona el aprovechamiento que se hará en el intestino de los nutrientes ingeridos. Las investigaciones han demostrado que las personas obesas aprovechan mejor los alimentos que toman debido a que tienen una flora intestinal diferente a la de las personas delgadas.

Al parecer, el uso de antibióticos, un exceso de asepsia y cambios en nuestra dieta han podido ocasionar una alteración importante en la composición de las bacterias intestinales de la población de los países desarrollados. La cantidad de ciertos tipos de bacterias habría menguado, en favor de otros tipos que harían un mayor aprovechamiento de las calorías que tomamos. Y no es una especulación, ya que se ha comprobado la diferente composición de la flora intestinal de las personas del primer y tercer mundo.

Y ahí está la clave: si pudiéramos cambiar la flora intestinal de las personas obesas y hacerla semejante a la de las delgadas, las obesas adelgazarían. La diferencia puede ser de en torno a 150 calorías diarias, lo que, a largo plazo, es mucho. Y este adelgazamiento se lograría, en principio, sin esfuerzo y de forma indefinida, siempre que no se altere de nuevo dicha flora intestinal. Parece un sueño, pero es algo que podría hacerse realidad dentro de unos años. De hecho, como decimos más arriba, se ha conseguido ya en ratones.

La cuestión es cómo conseguir ese cambio de flora. Para lograrlo, se cuenta con cuatro líneas de investigación. La primera, y quizá más sencilla, sería limitar la ingesta de grasas. Aparte de otros beneficios, tendría la virtud de reducir el número de bacterias gram-negativas presentes en el intestino, bacterias que se relacionan con la aparición y agravamiento de diabetes tipo 2.

Una segunda posibilidad sería tomar determinados alimentos que contienen polifenoles, con lo que aumentaría la población de bacterias intestinales beneficiosas. Estos alimentos son el aceite de oliva, el vino tinto, las frutas y las verduras. La tercera vía también estaría basada en la ingesta de determinados alimentos, tanto probióticos (que contienen microorganismos vivos) como prebióticos, que no se digieren pero estimulan el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas y tienen, además, un efecto positivo sobre ciertas enfermedades metabólicas.

La última línea de investigación, quizá la más lejana pero también la que podría ser más contundente, consistiría en el transplante de bacterias intestinales de un individuo delgado a otro obeso, bajo la premisa de que la flora intestinal del delgado es más beneficiosa y propicia menos la obesidad que la del obeso. Es el camino que se siguió en el famoso experimento de los ratones, comentado más arriba, en el que se consiguió pasar bacterias intestinales de ratones delgados a otros obesos, y estos adelgazaron de forma notoria.

La forma de pasar bacterias intestinales de un individuo a otro fue, en el caso de los ratones, mediante la ingesta de heces, costumbre no muy agradable que tienen estos roedores. En el caso de las personas, se piensa en métodos más higiénicos, como utilizar una sonda o ingerir cápsulas con el contenido bacteriano adecuado.

Pensamos que la actitud correcta del lector ante estas investigaciones debe ser de esperanza, pero sin que esta esperanza suponga olvidarse de los métodos más seguros para alcanzar y mantener un peso saludable: una alimentación sana y adecuada y, por supuesto, practicar una cierta actividad física.

Sin embargo, por si acaso, y con independencia de la modificación de la flora intestinal que pudiera ocasionarse, no estaría de más que adquiriéramos ciertas costumbres. Nos referimos a tomar menos grasas y, dado que han demostrado ser alimentos muy saludables, mayores cantidades de aceite de oliva, frutas y verduras. Y un vasito de vino tinto al día, si no lo ve mal nuestro médico.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2014

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