Sedentarismo, el mayor culpable de la epidemia de obesidad

Como ocurre en algunas películas policíacas, cuando todas las pruebas parecían condenar al exceso de comida como el gran culpable de la epidemia de obesidad que asola las sociedades desarrolladas, surge otro protagonista al que nuevos y determinantes indicios apuntan como al verdadero culpable: el sedentarismo. Lo cierto es que, en los últimos veinte años, no comemos más, pero nos estamos moviendo menos. Mucho menos.

Quizá pueda resultar sorprendente para el lector, pero las cifras son las cifras. Después de tanto leer sobre los excesos con la comida, va a resultar, quizá, que el culpable es otro. Esa es la principal conclusión de un reciente estudio realizado por expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en California, Estados Unidos, dirigidos por Uri Ladabaum. El trabajo se basó en datos proporcionados por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de este país.

Los datos de los últimos veinte años, siempre referidos a Estados Unidos, son tozudos: la obesidad ha aumentado de forma alarmante, tanto medida por el IMC (Índice de Masa Corporal), como por el diámetro de la cintura. Esta última variable aumentó, en promedio, un 0,27% anual en los hombres y un 0,37% en las mujeres. Para el conjunto de los veinte años, suponen un aumento de casi el 6 y el 8%, respectivamente.

En este periodo, sin embargo, la cantidad media ingerida por los norteamericanos no aumentó, por más que nos parezca sorprendente. Y se ha mantenido, tanto en el total de calorías como en el reparto de estas entre grasas, hidratos y proteínas, ya que, aunque se han producido algunos cambios en las proporciones, éstos no han sido muy significativos.

Sin embargo, veamos qué ha ocurrido durante estos dos decenios con el ejercicio físico en el país de las barras y estrellas. Y lo que ha ocurrido, en pocas palabras, es que ha bajado de forma dramática. En los últimos 16 años, el porcentaje de personas adultas que reconocían no realizar nada de ejercicio en su tiempo libre ha aumentado considerablemente.

Si en 1994 este porcentaje era, en promedio entre mujeres y hombres, del 15% (19% las mujeres y 11% los hombres), 16 años después había aumentado al 48% (52% las mujeres y 44% los hombres). Este aumento del sedentarismo, realmente notable, es lo que puede asociarse al aumento de la obesidad, y no la ingesta de comida que, como se ha dicho más arriba, se ha mantenido estable en líneas generales.

Creemos que no es conveniente quedarnos simplemente con las conclusiones de la investigación, sino sacar consecuencias prácticas de ella. Pero esto debe hacerse con prudencia, pues los datos a nivel global de toda la población no pueden transponerse tranquilamente a cada individuo. Es decir, que no podemos concluir que lo que debemos hacer es dejar de lado la dieta y concentrarnos en el ejercicio. Por el contrario, lo que recomiendan la mayoría de los expertos en el tema es simultanear dieta y ejercicio, y hacerlo para siempre.

Tal vez la causa del abandono de la actividad física por parte de las personas que intentan adelgazar pueda ser la cifra, relativamente exigua, de calorías que se queman con el ejercicio. A modo de orientación, y para una persona de 75 kilos de peso, caminar a ritmo normal durante una hora supone quemar unas 250 Kilocalorías; hacer gimnasia suave, unas 350 y montar en bici, unas 450.

Si comparamos las cifras anteriores con las Kilocalorías que aportan diversos alimentos, el balance puede ser poco motivador de cara a hacer ejercicio. Por ejemplo, un cuarto de bolsa de patatas fritas (50 gramos) contiene unas 300 Kilocalorías, lo mismo que un bocadillo de queso pequeño (1/4 de barra, 50 gramos de pan y otros 50 de queso). Eso es más que una hora de paseo, y casi tanto como el mismo tiempo de gimnasia suave.

Por ello, mucha gente piensa que es más cómodo ahorrarse el ejercicio y recortar algún pequeño exceso culinario, ya que así el saldo calórico del día permanece invariable. En realidad, es un razonamiento erróneo, pues las ventajas de la actividad física no se reducen al consumo calórico que se realiza con ella.

Por el contrario, hay que saber que realizar ejercicio, que no tiene por qué ser violento ni agotador, supone importantes ventajas para nuestra salud y, además, diversas investigaciones han dejado claro que con la actividad física se producen determinados cambios metabólicos que favorecen la pérdida de peso. Así, dieta más ejercicio parece ser la combinación perfecta.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2014

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