Pasar frío adelgaza y transforma grasa blanca en parda

Transformar la grasa blanca en parda es una de las grandes esperanzas en la lucha contra la obesidad, ya que la parda puede consumir diariamente tanta energía como la contenida en su mismo peso de grasa blanca. Además de adelgazar, la grasa parda reduce los niveles de glucosa y protege contra la diabetes y el hígado graso. Y ahora se ha descubierto que pasar frío, además de consumir grasa, como vimos en un artículo anterior, puede lograr esa maravillosa transformación.

La grasa blanca es la grasa "normal", es decir, la de toda la vida. La que se nos deposita en la barriga, en las "cartucheras", en los glúteos o en cualquier otra parte del cuerpo; normalmente, donde menos nos gusta. Cien gramos de grasa blanca almacenan más de 600 Kilocalorías. La grasa parda es de reciente descubrimiento en los adultos, ya que hasta hace poco se pensaba que solo la tenían los bebés. Ahora, no solo sabemos que la tenemos los adultos, sino también que los que más cantidad de grasa parda tienen son más delgados.

Y este descubrimiento puede tener gran importancia en las investigaciones relativas a la lucha contra la obesidad y el sobrepeso, una de las epidemias más preocupantes, si no la que más, de las sociedades desarrolladas. La investigación que comentamos, realizada por Paul Lee, endocrinólogo del Instituto Garvan de Investigación Médica, de Sidney (Australia), intenta averiguar los mecanismos de esta transformación.

El estudio, realizado en colaboración con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, ha sido publicado en Cell Metabolism. Una de sus principales conclusiones es que pasar frío es equivalente a realizar ejercicio moderado de cara a transformar la grasa blanca en parda; en cierto modo, incluso, mucho más eficaz, ya que los niveles de la hormona irisina, implicada en esta transformación, tras diez o quince minutos de estar tiritando son equivalentes a los conseguidos tras una hora de ejercicio moderado.

Lee demostró que en la transformación de grasa blanca en parda cobra especial relevancia la comunicación entre músculo y grasa mediante unas hormonas específicas: la irisina, producida por el músculo, y la FGF21, producida por la grasa marrón. Cuando sentimos frío, explica Lee, se activa nuestra grasa parda para quemar energía (consumiendo grasa blanca) y protegernos del frío. Cuando esta energía no es suficiente, se contraen los músculos de forma involuntaria para generar calor: son los escalofríos.

Así, en virtud de esta comunicación entre grasa y músculo, la exposición al frío hace que aumenten los niveles de ambas hormonas. Si tenemos en cuenta que, en pruebas de laboratorio, la irisina y la FGF21 transforman la grasa blanca humana en parda tras seis días de exposición, nos daremos cuenta de la importancia que tienen las investigaciones de Lee y la promesa que pueden representar en un futuro de cara a desarrollar terapias contra la obesidad.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2014

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