El propionato, un aditivo que crea saciedad y podría ayudar a comer menos sin esfuerzo

Añadido a ciertos alimentos, tendría el efecto de producir sensación de saciedad, con lo que comeríamos menos de forma natural y sin proponérnoslo. ¿Un sueño? Quizá pronto sea una realidad. Se ha probado en voluntarios y ha dado un resultado, si no milagroso, sí al menos apreciable. Si todo va bien, podría ser una valiosa ayuda en la lucha contra esos kilos de más que agobian a una gran parte de la población de los países desarrollados.

Se llama propionato, y su efecto saciante no se limita, como en el caso de la fibra, a llenar el estómago y dar sensación de plenitud. Su mecanismo de acción es más complejo, y también más efectivo, ya que el propionato estimula la liberación en el colon de ciertas hormonas que regulan el apetito y producen sensación de saciedad.

La investigación, dirigida por el profesor del Imperial College de Londres Gary Frost, ha sido realizada por un equipo de científicos de esta institución y de la Universidad de Glasgow, en Escocia. Se ha publicado en Gut, la revista de la Sociedad Británica de Gastroenterología, y ha despertado el interés de determinados expertos en el tema, como David Haslam, presidente del Foro Nacional de la Obesidad del Reino Unido o Douglas Morrison, del Centro de Investigación Medioambiental de las Universidades Escocesas.

Una vez conocido el efecto saciante del propionato, la mayor dificultad para convertirlo en un principio eficaz fue conseguir que llegara íntegro hasta el colon, casi al final del sistema digestivo. El problema consistía en que, si se añadía simplemente a un alimento, el propionato se absorbía previamente en otras pociones del intestino donde su eficacia era más limitada o inexistente.

La solución que encontraron fue asociar el propionato a un hidrato de carbono llamado inulina, que es absorbido por el colon. Con ello, se garantizaba su integridad hasta llegar a esta porción del intestino, donde sería realmente eficaz. Para comprobar que funcionaba, se hicieron ensayos controlados en varios grupos de voluntarios, en dos fases.

En la primera fase, realizada con 20 personas, se invitó a estas a que comieran lo que desearan de un bufé. A unas se les había dado previamente inulina, y a otras, inulina con propionato asociado a ella. Estas últimas consumieron un 14% menos de calorías que las que habían tomado solo la inulina. La diferencia parece importante, sobre todo si se mantuviera esa diferencia a largo plazo.

En la segunda fase, se partió de 49 personas con sobrepeso y se las dividió en dos grupos. Al igual que antes, a las del primer grupo se les dio solo 10 gramos diarios de inulina por persona para que la añadieran a sus alimentos habituales. A las del otro, esos mismos 10 gramos, pero de inulina con propionato. Tras 24 semanas (casi seis meses), el 25% de los voluntarios del primer grupo había engordado una media de un 3%. Por su parte, solo un 4% de los voluntarios del segundo había corrido la misma suerte.

En base a estos resultados, parece que se puede ser moderadamente optimista. El propionato no es, desde luego, un remedio milagroso para adelgazar, ni mucho menos. Sin embargo, puede tener un papel importante en la prevención de la obesidad. Y, dado que los estudios indican que los adultos engordamos entre 0,3 y 0,8 kilos al año de media, lo que ofrece el propionato puede ser importante.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2015

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