LA CIRUGÍA DE ESTÓMAGO

Sin ser una panacea (debido a su riesgo, coste y secuelas postoperatorias), la cirugía de estómago es, hoy por hoy, la gran solución al problema de la obesidad mórbida (es decir, cuando el IMC es igual o superior a 40). Pero existen diversas técnicas quirúrgicas, con grandes diferencias en efectividad, agresividad, riesgo y secuelas. Veamos cuáles son las principales alternativas.

Varios estudios han concluido que la esperanza de vida de las personas con obesidad mórbida aumenta de forma clara en las que se operan, en comparación con las que no lo hacen. Eso, una vez superado el primer año, durante el cual pueden aparecer complicaciones, algunas de las cuales son graves. Y, según la técnica elegida, también pueden sufrirse ciertas secuelas, a veces de por vida, como carencias de nutrientes, debilidad, diarrea o úlceras, entre otras.

Los inconvenientes mencionados hacen que solo una parte muy pequeña (entre un dos y un tres por ciento) de los pacientes con obesidad lo suficientemente grave como para ser candidatos al quirófano decidan operarse. En gran medida, puede que sea por desconocimiento de las diversas técnicas existentes. Normalmente, las que tienen una mayor efectividad a la hora de reducir peso suelen ser también las más agresivas. Por eso, es muy importante informarse acerca de cuál es la más adecuada a nuestras condiciones: edad, sexo, IMC, estado de salud, enfermedades, etc.

Antes de analizar las diversas alternativas quirúrgicas, conviene insistir en que el criterio para someterse o no a la cirugía debe ser médico, y centrado en mejorar la salud del paciente, y nunca en la estética. También conviene saber que, en la mayoría de los casos, no se emplea cirugía abierta sino endoscópica: se hacen al paciente cinco o seis pequeñas incisiones en el abdomen, de en torno a un centímetro cada una, y por ellas se introduce el instrumental necesario para realizar la intervención. Así, la recuperación es mucho más rápida.

También hay que aclarar que la pérdida de peso se puede deber, según la técnica empleada, a tres razones diferentes, que en algunos casos se suman. En primer lugar, por restricción del tamaño del estómago, lo que hace que se alcance antes la sensación de saciedad. Un segundo motivo puede ser la reducción en la absorción de nutrientes, cuando se reduce la longitud útil de intestino delgado (órgano en el que se realiza la mayor parte de dicha absorción) que es atravesada por la comida. Y, por último, cuando se reduce el tamaño del estómago se reduce también la emisión de grelina, hormona que nos induce a comer.

La gran ventaja de la cirugía es que, contrariamente a otras opciones como la dieta y el ejercicio, después de pasar por el quirófano se come menos sin esfuerzo, con lo que la pérdida de peso, que puede ser espectacular (más del 80% del sobrepeso que se sufre), suele ser permanente. Siempre, por supuesto, en función de la técnica utilizada, ya que hay algunas, como veremos más adelante, en las que este objetivo no se cumple fácilmente.

Una vez vistas estas cuestiones previas, podemos pasar a examinar las diversas alternativas que nos ofrece la técnica actual en lo referente a cirugía del estómago. Y las veremos ordenadas según su agresividad y eficiencia, de menos a más.

1) Balón intragástrico

No es, propiamente, cirugía. Con el paciente sedado, se le introduce por la boca y hasta el estómago un balón que, posteriormente, se llena de líquido. Así se consigue reducir el volumen efectivo de su estómago y alcanza antes la saciedad. Es un método reversible y poco agresivo, pero el problema está en su efectividad, ya que a los seis meses de la intervención el balón debe ser extraído. Si el paciente recupera sus antiguas costumbres, recuperará también el peso perdido. Por ello, suele utilizarse para reducir el peso de pacientes con obesidad mórbida antes de una intervención más radical, con lo que se reducen los riesgos de la misma.

2) Marcapasos gástrico

Es un método muy reciente y todavía poco probado. Consiste en una intervención mínima, en la que se le implanta al paciente un electrodo que genera unos pequeños impulsos eléctricos con los que se produce sensación de saciedad cuando come más de la cuenta o a deshora. Además de que está poco probado, presenta el problema de que exige que el interesado sea muy disciplinado en sus comidas. Además, su efectividad no es, ni mucho menos, la de otros métodos más agresivos.

3) Banda gástrica

Consiste en fijar alrededor del estómago del paciente una banda elástica que constriñe el estómago y lo divide en dos. La parte superior, mucho más pequeña, recibe la comida, que no puede pasar de inmediato a la inferior, con lo que se produce sensación de saciedad o plenitud gástrica. Una vez digerida y en estado líquido, la comida puede pasar lentamente a la parte inferior y continuar por el tracto digestivo. La fuerza de la banda puede regularse llenándola más o menos de líquido, con lo que se regula también la velocidad con que la comida pasa de la parte superior del estómago a la inferior.

Es una técnica relativamente poco agresiva (aunque no del todo inofensiva) y reversible, pero su efectividad se ve mermada por el hecho de que se pueden comer sin problema tantos alimentos líquidos como se quiera, ya que pasan directamente a la parte inferior del estómago. Así, se pueden consumir grandes cantidades de purés, sopas, refrescos, helados, yogur... con las consecuencias ya sabidas en el peso.

4) Gastrectomía tubular o en manga

En esta técnica, el estómago, que en condiciones normales tiene una capacidad de unos 1.000 centímetros cúbicos, se recorta hasta dejarlo con un volumen aproximado de una décima parte. En realidad, queda reducido a un tubo. Además de llegarse mucho antes a la saciedad, como es lógico, se produce menos cantidad de grelina, la hormona que regula el apetito y se produce en el estómago.

El efecto combinado de ambas variables hace que la reducción de peso pueda ser importante. Sin embargo, esta técnica no supone una reducción apreciable de la absorción de nutrientes, que se hace, como se ha dicho más arriba, de forma mayoritaria en el intestino delgado. Es una técnica menos agresiva, pero también menos eficaz, que la del bypass, y por ello se utiliza en los casos de obesidad que, siendo graves, los son en menor medida.

5) Bypass gástrico en Y de Roux

Es la técnica más utilizada, probablemente debido a su eficacia. Sin embargo, debe restringirse a pacientes con obesidad mórbida, ya que es también muy agresiva y no está exenta de riesgos, al igual que la anterior. La operación es compleja, ya que se corta el estómago en dos partes. La superior, muy pequeña, se une al intestino delgado, pero no en su comienzo, sino en su parte media, denominada yeyuno. Con ello, se consigue que la comida se "salte" una gran parte del intestino delgado, con lo que se reduce de forma muy significativa la absorción de nutrientes y calorías.

La parte de estómago que quedó cortada no se extrae del paciente, sino que, junto al trozo de intestino delgado que cuelga de él y no se utiliza para hacer pasar por ella el alimento, permanece en el abdomen. El final de este trozo de intestino delgado se conecta a la parte de intestino delgado que permanece plenamente funcional, pero poco antes de desembocar en el intestino grueso.

De esta manera, el intestino delgado adquiere forma de "Y" (de ahí el nombre de la técnica), en la que uno de sus ramales, por el que pasa la comida, está formado por el esófago, estómago muy reducido y la segunda mitad del intestino delgado. El otro ramal, por el que no pasa la comida pero secreta jugos que se unen a los del hígado y el páncreas, necesarios para la digestión de los alimentos, comienza en el trozo grande del estómago que quedó aislado, sigue por el píloro y la primera mitad del intestino delgado, y desemboca en la segunda mitad de este, ya cerca del intestino grueso.

Es una técnica que, por su agresividad y ciertas secuelas permanentes, se reserva a los casos más graves y rebeldes. Su efectividad se deriva de la combinación de la técnica de restricción del tamaño del estómago, más la reducción de la absorción de nutrientes. Se puede perder, durante el año y medio que sigue a la intervención, en torno a un 80% de los kilos de más que se tenían antes de la misma.

6) Derivación biliopancreática con cruce duodenal

En esta técnica, parecida a la anterior, pero más agresiva, se deja operativo un mayor trozo del estómago, incluyendo la válvula pilórica. Sin embargo, en este procedimiento se aumenta el efecto de la mala absorción de nutrientes. Debido a su dificultad y a sus efectos secundarios relativamente graves, se reserva para los casos más difíciles de obesidad.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2015

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