Una nueva forma de reducir barriga

Es bastante más que una cuestión estética (aunque también), ya que diversas investigaciones demuestran que la grasa abdominal es mucho más perjudicial para la salud que la que se deposita en otras partes del cuerpo, como en los muslos. Contrariamente a lo que muchos creen, hacer abdominales es algo que encubre el problema, pero no acaba con él. La electroestimulación tampoco parece ser adecuada. Entonces, ¿qué hacer? Quizá el Entrenamiento Interválico de Alta Intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés) pueda ser la solución.

Lo que comúnmente llamamos barriga no es más que una acumulación de grasa en la zona abdominal, más acusada por su parte delantera. Cuando se extiende también por los laterales, esas zonas suelen llamarse michelines. En muchas personas, y sobre todo en los hombres, el abdomen es la zona donde se localiza preferentemente el exceso de grasa. Y eso, como hemos dicho más arriba, es una mala noticia para su estado de salud, con independencia de la cuestión estética.

Quizá el principal error en que solemos incurrir a la hora de luchar contra la barriga es pensar que hacer abdominales (levantar de forma repetida la parte superior del cuerpo, estando tumbados boca arriba) soluciona el problema. En realidad, no es así. Cualquier ejercicio que refuerce los músculos abdominales hará que la parte frontal del abdomen adquiera más firmeza, con lo que la grasa que está entre las vísceras no se derrama ya hacia afuera. Gran parte de la barriga desaparece, pero solo en apariencia. La grasa sigue allí, y el perjuicio para la salud, también.

Además, son muchas las investigaciones que han probado que hacer ejercicio con una parte determinada del cuerpo no elimina la grasa de esa zona. En el caso de que se elimine grasa, se eliminará de todo el cuerpo, o de ciertas zonas de forma preferente, que dependen de la predisposición de la persona o de su sexo, pero no de la parte que se ejercite. Los hombres, por ejemplo, tienen predisposición a acumular grasa en la barriga, pero también tienen tendencia a perderla de allí cuando hacen dieta o ejercicio.

Las mujeres, por el contrario, tienden a ganar grasa en otras zonas, como los glúteos o los muslos, pero cuando la acumulan en la barriga les cuesta más perderla de allí que a los hombres. Así, de forma general, podríamos decir que la mejor forma de perder barriga es adelgazar, cambiando para siempre nuestras costumbres relativas a la alimentación y al ejercicio. Pero, ¿qué hacer cuando eso no es suficiente?

La electroestimulación, es decir, estimular determinados músculos mediante corrientes eléctricas, tampoco parece ser la solución ideal. Si bien es cierto que se produce una modesta disminución local de la grasa, la activación artificial de esos músculos puede suponer problemas funcionales. Aunque es un tema en el que falta todavía mucho por estudiar, se considera que está contraindicada en caso de padecer problemas circulatorios o neurológicos, hernias inguinales o abdominales, epilepsia, diabetes, hipertensión, obesidad o artritis, entre otras enfermedades.

Es en este panorama bastante desalentador donde surge el Entrenamiento Interválico de Alta Intensidad. Consiste en hacer un ejercicio muy intenso (por ejemplo, corriendo, nadando o con bicicleta estática) durante intervalos breves, separados por periodos de ejercicio moderado o de descanso. La clave, al parecer, reside en que esta forma de ejercitase altera el metabolismo de forma que se siguen consumiendo calorías en las horas posteriores a haberlo terminado.

Si bien deberá ser nuestro entrenador personal el que nos haga las indicaciones oportunas en función de nuestra edad, estado físico y otras variables, a modo de ejemplo podríamos decir que un HIIT en bicicleta estática podría consistir en realizar cinco sprints de 20 segundos, muy intensos, con 2 minutos de descanso entre cada uno de ellos. Según vayamos mejorando nuestro grado de preparación, podremos ir aumentando tanto el número de sprints como su duración.

Hay que decir que el HIIT, que debe durar un mínimo de tres meses para empezar a ver los resultados, debe combinarse con una alimentación equilibrada, aunque no necesariamente restrictiva. Deben realizarse cinco comidas diarias, y las tres principales deben consistir en un 40% de hidratos, 30% de proteínas y el 30% restante, grasas sanas. En todo caso, lo más seguro es ponerse en las manos adecuadas: un nutricionista y un entrenador personal nos marcarán las pautas más convenientes para nuestro caso particular.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2015

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