La obesidad aumenta el riesgo de asma en la infancia

La obesidad infantil lleva, con mucha frecuencia, a la obesidad de adulto. Además, puede producir problemas de salud y psicológicos en los niños, como falta de aceptación por parte de los compañeros y, lo que quizá sea peor, hacia sí mismo. Pero, por si no teníamos suficientes, ahora tenemos una razón más para vigilar el peso de nuestros hijos, ya que la obesidad infantil, según se ha descubierto, aumenta de forma sustancial el riesgo de asma.

El asma, que suele cursar con ataques o crisis más o menos graves, es una inflamación de los bronquios y bronquiolos que supone una disminución del diámetro útil de los conductos que llevan el aire a los pulmones. Por ello, se produce una sensación de asfixia, fatiga, y gran malestar, con tos y producción abundante de mucosidad que resulta difícil de expulsar. Aunque su origen no es muy conocido, tiene una componente hereditaria importante y se sabe que hay ciertos factores que la favorecen; ahora acaba de descubrirse uno más, aunque ya se sospechaba.

En realidad, ambas enfermedades, asma y obesidad, han aumentado de forma preocupante durante la última parte del siglo XX y los comienzos del actual. Y ahora se sabe que esta asociación no es casual, sino causal, al menos en gran parte. La investigación que lo demuestra ha sido realizada por un equipo de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, dirigido por Raquel Granell, y publicada en Plos Medicine.

Ya se sabía, en estudios anteriores realizados sobre niños, que el Índice de Masa Corporal (IMC) y el asma tenían una importante correlación. Pero, como ocurre tantas veces, esa correlación no implicaba necesariamente causalidad, es decir, que la obesidad ocasionara asma. Para intentar dilucidar el tema, los investigadores utilizaron una compleja herramienta estadística, llamada aleatorización mendeliana, en asociación con datos genéticos y provenientes de observaciones.

Se partió de la información obtenida de 4.835 niños de entre siete y ocho años que estaban inscritos en un proyecto de salud que comenzó a principios de los años 90, el Estudio Longitudinal Avon de Padres e Hijos. En ellos, se estudiaron las asociaciones de 32 variaciones de secuencias de ADN con la masa corporal y el asma. La conclusión fue que el riesgo de sufrir asma aumenta de forma notoria con el aumento del IMC del niño.

Este estudio aporta directrices claras, tanto para las autoridades sanitarias como para los padres, profesionales de la salud y educadores, y da una motivación extra para cambiar las costumbres de nuestros niños. Debemos introducir en sus vidas hábitos más sanos en lo referente al ejercicio físico y la nutrición. Si los adoptan desde pequeños, es muy posible que los conserven también de mayores, con lo que el beneficio que obtendrán será múltiple: luchar contra la obesidad y el asma, y tanto de pequeños como de adultos.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en julio de 2015

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