Evitar el postre o elegir uno poco engordante

Probablemente sea uno de los principales culpables de muchos fracasos en la dieta y de que una parte importante de la población tenga más peso del recomendable. Suele ser la gran tentación, pero existen alternativas saludables y apetecibles para el postre: fruta, lácteos e incluso, con ciertas restricciones, dulces. El problema es que toda comida que se precie tiene que terminar con un postre opulento. ¿O quizá no?

Si empezamos por las alternativas más sanas para el postre, la primera que nos viene a la mente es, lógicamente, prescindir de él: calorías que nos ahorramos. Algo parecido a eso, desde el punto de vista calórico, pero que nos puede dejar psicológicamente más satisfechos, es sustituirlo por una infusión. Y, para ello, un té verde puede ser la mejor alternativa, aunque existen otras también recomendables, siempre que no abusemos del azúcar. Pero, si se utiliza, mejor el azúcar moreno que el blanco o los edulcorantes artificiales, sospechosos estos últimos de diversos desarreglos.

A veces puede ser un poco difícil de aceptar un postre tan escuálido (o, incluso, inexistente), porque la costumbre de tomar postre al final de la comida está muy arraigada en nuestra sociedad. Pero, como casi todo, en gran parte es cuestión de acostumbrarse. Y, en especial, de estar prevenidos cuando comamos fuera, ya que en esos casos la tentación suele ser mayor y la presión social de los otros comensales, a veces irresistible: "Pero mujer, ¿cómo no vas a tomar nada? Pídete una tarta al whisky, que aquí la ponen muy buena".

Una alternativa más consistente y además sana para el postre es la fruta. Lo más importante es que aporta pocas calorías, siempre que no se abuse de la cantidad (entre 100 y 150 gramos es lo adecuado). Respecto a qué fruta elegir, depende de los gustos del comensal y de la estación, ya que siempre será preferible escoger fruta del tiempo, por precio y frescura. Además de su escasa carga calórica, la fruta hace aportaciones interesantes a la dieta: fibra, minerales y vitaminas.

La única precaución que hay que tener con la fruta es la cantidad de azúcar que puede contener y los problemas digestivos que podría ocasionar en algunas personas susceptibles a ese problema. En este sentido, la piña, la manzana el kiwi y la papaya facilitan las digestiones. Pero, si bien es cierto que la fruta es sana y ligera, las frutas procesadas, sin embargo, pueden merecer otro juicio, según sea su contenido en azúcar o aditivos: no es lo mismo, por ejemplo, el melocotón natural que en almíbar.

Una alternativa a la fruta, menos recomendable pero que podría ser aceptable, son los postres lácteos. No son tan sanos como la fruta, ni normalmente tan poco calóricos. Sin embargo, el yogur, sobre todo si es desnatado, puede ser una opción aconsejable, ya que aporta fermentos lácteos, proteínas y calcio. Pero habrá que tener cuidado con su contenido en azúcares. Menos recomendables parecen otros postres lácteos, como el queso, muy calórico o, peor aún, flan o natillas.

Estos últimos, en realidad, deberían ser considerados como postres dulces, más que lácteos. Y entramos así de lleno en el terreno más prohibido: bollería, tartas, helados, bizcochos, galletas... Probablemente, los postres más apetecibles, pero los menos recomendables, por la gran cantidad de calorías que incorporan. Pero no solo por eso, ya que su alto contenido en azúcar y grasas los hace ponerse a la cola en cuanto a salubridad y control del peso se refiere.

A pesar de lo anterior, ni siquiera estos postres deben ser desechados de forma radical. El juicio que nos merezca depende de varios factores, como la frecuencia (no es lo mismo reservarlos solo para ocasiones especiales que tomarlos a diario), tamaño de la ración o la elaboración casera frente a la industrial. Esta última cuestión reviste gran importancia, pues los dulces industriales abusan de grasas muy poco recomendables, como el aceite de palma o, peor todavía, las grasas hidrogenadas o trans.

La industria alimentaria, por desgracia, mira más las cifras de su balance que la salud de sus clientes. Así, a veces por razones de precio y otras por conservarse más tiempo sin que se degraden sus grasas, (lo que reduce los costes de distribución, devoluciones y otros), el caso es que utilizan productos mucho más insanos que los que podemos utilizar nosotros si los elaboramos pensando en nuestra salud.

Así, apoyados por un buen recetario de postres sanos y ligeros, podemos elaborar postres dulces que, si bien no son la mejor alternativa, sí al menos la convierten en aceptable, siempre que no abusemos, como se ha dicho más arriba, de la frecuencia ni del tamaño de las raciones. Para ello, debemos utilizar poca azúcar, y morena en vez de blanca; aceite de girasol o de oliva; chocolate negro y harina integral. Además, procuraremos incorporar ingredientes sanos, como fruta o frutos secos.

Lo que, en todo caso, parece claro, es que debemos cambiar nuestras costumbres: dejar los dulces para ocasiones especiales, frecuentar los lácteos desnatados y, mejor aún, la fruta y, por qué no, conformarnos en ocasiones con terminar la comida sin postre o con una infusión. Lo que nunca debemos hacer es comer como si no fuéramos a tomar postre (y, por tanto, saciarnos con el primer y segundo plato) y, a última hora, caer en la tentación. Si vamos a tomar postre, mejor será guardarnos para él un huequecito en el estómago.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2015

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