Integral: menos peso y más salud

Una vez más, nos encontramos ante una costumbre muy fácil de cambiar, pero que seguimos con ella por inercia. Y, sin embargo, si cambiáramos a lo integral (pan, arroz, pasta...), comeríamos de forma más sana y adelgazaríamos un poco, respecto a comer lo mismo, pero refinado. ¿Por qué no lo hacemos?, se preguntan los expertos. Veamos por qué lo integral es mejor.

Por si alguien no lo tiene claro, en los productos integrales se utiliza el grano (normalmente, arroz o trigo) entero, con su cáscara; de ahí su color más oscuro. Por el contrario, en los productos blancos o refinados, la cáscara se ha quitado previamente a la molienda o comercialización del grano. Y Ahí está el problema, ya que, contra lo que podría pensarse, lo mejor del grano está en la cáscara.

Antes de nada, hay que prevenir al lector contra los falsos productos integrales, y nos referimos, sobre todo, a barras de pan que se venden como integrales sin serlo. Para que parezca integral, algunos fabricantes utilizan harina refinada (es decir, blanca), y le añaden malta de cebada al pan para oscurecerlo, con lo que el producto aparece con motitas oscuras. Pero esto, evidentemente, no es lo mismo que utilizar el grano de trigo entero.

Pero así como en el pan es relativamente fácil distinguir el integral auténtico del falso, en otros productos no lo es tanto. Como norma general, la harina tiene que ser toda del mismo color oscuro uniforme, sin "pepitas" negras. Sin embargo, y a pesar de que esta norma puede servir en muchas ocasiones para distinguir el auténtico del falso, en muchas otras habrá que fiarse del fabricante.

Quizá se pregunte el lector si en realidad es tan importante consumir hidratos integrales. La respuesta es, claramente, afirmativa. Los hidratos refinados son, casi exclusivamente, almidón y calorías. Sin embargo, los integrales aportan en la cáscara elementos nutritivos muy importantes, como antioxidantes, vitaminas y ciertos minerales, como cobre, manganeso, cinc y molibdeno.

Pero quizá lo más importante esté en la fibra que tiene la cáscara. Además de favorecer el tracto intestinal (con lo que se evitan problemas de estreñimiento, entre otros), la fibra produce sensación de saciedad sin aportar calorías, con lo que se facilitará perder peso porque comeremos menos. Pero, además, el grano integral tiene la ventaja de que se absorbe mucho más lentamente que el blanco. Con ello, permanecerá más tiempo la sensación de saciedad, tardaremos más en comer de nuevo y esos hidratos se transformarán más difícilmente en grasa.

Si todo son ventajas, ¿por qué comemos muchos más productos blancos o refinados que integrales? Puede ser por el precio (los integrales son algo más caros), por el sabor quizá más basto (aunque es cuestión de acostumbrarse), por la menor disponibilidad de los integrales o por otras razones. Pero quizá la principal sea la costumbre. Y las costumbres pueden (y en este caso, deben) cambiarse.

Otra pregunta que nos podemos hacer es qué hace la Administración al respecto, ya que se supone que debería velar por nuestra salud. Pues, salvo excepciones, la Administración no hace nada o, lo que es peor, pone palos en las ruedas del carro de la salud: por increíble que parezca, los productos integrales tienen una mayor fiscalidad que los blancos (un IVA del 10% para los integrales, frente a un 4% para los blancos). En otros países, como en Italia, la situación es justamente la inversa.

Algunos expertos tienen tan claro las ventajas de los productos integrales sobre los blancos que abogan por la prohibición pura y dura de estos últimos. Para otros especialistas, sin embargo, esta medida sería demasiado drástica, ya que podría hacer que bajara el consumo global de hidratos, lo que no sería bueno. En este campo, como en otros muchos, se nota en la Administración la influencia de las grandes empresas de alimentación.

Pero ya que la Administración no es capaz de prohibirnos los hidratos blancos, lo que sí podemos hacer los consumidores, a título individual, es prohibírnoslos a nosotros mismos. Puede que tengamos que pagar un poco más, pero merece la pena. Todos los especialistas coinciden en afirmar que no nos perderemos nada si los sustituimos por integrales. Solo perderemos peso, y ganaremos en salud.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2015

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