¿Es la obesidad contagiosa?

Y no nos referimos a un contagio por virus o bacterias, sino debido a la influencia psicológica mutua que todos tenemos (y recibimos) sobre las personas más próximas. Estudios científicos han demostrado que es un fenómeno que no se limita al peso, sino que se extiende a aspectos tan diferentes como el estrés, la tristeza, el éxito o la violencia. En el caso de la obesidad, ser conscientes de ello nos puede proteger en determinadas circunstancias.

En realidad, son muchos los estados psicológicos que pueden contagiarse entre personas próximas. Algunos son ya conocidos por la mayoría de la gente, como las situaciones de pánico o violencia: muchos casos en los que una multitud entra en pánico comienzan con el pánico de unos pocos, y lo mismo puede decirse de ciertos comportamientos violentos. Incluso, probablemente todos hemos experimentado cómo un compañero de trabajo estresado puede hacer que nosotros, en mayor o menor medida, nos estresemos también.

Sin embargo, así como situaciones temporales e inmediatas, como las anteriores, son fácilmente entendibles, resultan bastante menos intuitivos otros "contagios" más complejos que requieren una influencia más sutil y a más largo plazo. Por ejemplo, la felicidad, la soledad, el éxito o los celos son estados que pueden también ser contagiados. ¿Cómo es posible que ocurra? Gran parte de la respuesta está en un fenómeno neurológico: la actuación de las llamadas neuronas espejo.

José María Martínez Selva, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Murcia, nos aclara que cuando vemos a otra persona realizar una acción o expresar una emoción, se activan en nosotros dos clases de neuronas. Por una parte, aquellas encargadas de percibir las acciones o expresiones emocionales del otro. Pero, por otra, se activan también las neuronas espejo, encargadas de realizar o expresar dicha acción o emoción. Estas neuronas son muy importantes para imitar los movimientos de los demás, y también para sentir lo que sienten los otros. Gracias a ellas, en gran medida, podemos sentir algo tan importante en las relaciones sociales como es la empatía.

Algunas de estas situaciones de contagio pueden afectar a nuestra salud, y concretamente a nuestro peso. El estrés, por ejemplo, del que hemos hablado más arriba, puede ser contagioso. Y algunas de las consecuencias de este estrés no son, precisamente, buenas. Aparte de ser una fuente de problemas circulatorios, debido al aumento de tensión arterial que ocasiona, el estrés puede inducir también obesidad, ya que nos hace comer más cantidad de alimentos y de peor calidad dietética. Y, sobre todo en la mujer, esta obesidad derivada del estrés se puede manifestar en la zona abdominal, según ciertos estudios realizados en estados Unidos.

Con independencia de los efectos concretos del estrés en el peso, un estudio realizado sobre 12.000 adultos en la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) por James Fowler y Nicholas Christakis concluyó, ya en 2007, que el hecho de que uno de nuestros amigos engorde hace que tengamos una probabilidad del 57 % de engordar nosotros también. Las causas de este contagio no están muy claras, pero los autores se inclinan a pensar que se debe, más que al efecto psicológico directo, a que el hecho de ver gordo a nuestro amigo puede hacer que cambie nuestra percepción de la obesidad.

En todo caso, lo que parece claro es que la obesidad es contagiosa, en mayor o menor grado. Y también debe quedar claro que el simple hecho de saberlo puede hacer que tomemos medidas para protegernos. Y estas medidas, por supuesto, no deben consistir en renunciar a algunas amistades por miedo al contagio, sino prevenirnos contra ciertos comportamientos insanos que nuestra amistad pueda transmitirnos inadvertidamente, como comer de más por imitación, tomar ciertos alimentos insanos por el hecho de que los tome él o cambiar nuestra percepción de lo malo que es estar gordo por el hecho de que lo esté una persona que nos resulta querida.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2016

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