Cosas que adelgazan y no son ni dieta ni ejercicio

Porque ese es, precisamente, el problema: para adelgazar, lo mejor es llevar una dieta sana y hacer ejercicio; pero ambas cosas cuestan. Sin embargo, no hay que desesperarse, ya que, con independencia de que se haga o no dieta o ejercicio (y lo mejor, desde luego, es hacer ambos), hay cosas que adelgazan y no cuestan, porque no son ni una cosa ni la otra. Siga leyendo, que seguro que hay alguna que desconoce.

Quizá la cosa más chocante que usted puede hacer para perder algo de peso es, curiosamente, dejar de prohibirse cosas. Eso no significa dar rienda suelta a todos nuestros deseos gastronómicos, por supuesto, sino, simplemente, dejar de obsesionarse con las listas negras de alimentos, ya que está comprobado que eso hace que aumente nuestra obsesión por ellos. Si nos gusta el chocolate, por ejemplo, podemos permitirnos una onza al día.

Un estudio de la Universidad de Canterbury (Reino Unido), por ejemplo, realizado sobre 300 personas, ponía en evidencia que aquellos que comían las cosas apetitosas e insanas con más sentimiento de culpa eran los que más engordaban a medio plazo. Una forma de evitar la ingesta de tentaciones inadecuadas es tomar alimentos sanos y poco engordantes, como fruta, verdura o legumbres: al llenar el estómago con ellos, o no tomaremos alimentos insanos o, en todo caso, lo haremos en menor cantidad.

Otra costumbre a adquirir que no cuesta es comer bien, entendiendo por bien el hacerlo de forma consciente, sin distraerse con la televisión o el periódico, y hacerlo lentamente. La sensación de hambre no es solo una cuestión fisiológica, sino también psicológica, y si no somos bien conscientes de que estamos comiendo, por tener distracciones o por hacerlo de prisa, comeremos más cantidad de forma innecesaria. Concretamente, según ciertos estudios, un 10% más, y eso no es poco.

Por otra parte, la sensación de saciedad no es inmediata, sino que tarda un tiempo en llegar al cerebro. Por ello, si comemos demasiado rápidamente el cerebro no se sentirá tan saciado como si lo hacemos con lentitud, y así comeremos también de más. Numerosos estudios relacionan el comer rápido con el exceso de kilos, y desde luego que esta relación no es casual. ¿Que no tenemos tiempo para comer despacio? Analice esta cuestión fríamente, piense en cuánto tiempo desperdicia en otros menesteres, y verá que probablemente no es cierto que no tenga tiempo.

Abundando en el tema de ser conscientes de lo que se come, algo que también nos hará perder peso es controlar lo que comemos a lo largo del día. Para ello, nada mejor que apuntar en un cuaderno todo lo que nos llevamos a la boca. Pero ojo, que no estamos diciendo que lo apuntemos para "cortarnos" de comer; solo con apuntarlo comeremos menos. Si no se lo cree, haga la prueba. Y luego, siga haciéndolo para siempre. Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos indicó que quienes apuntaron lo que comían perdieron el doble de peso que quienes no lo hicieron.

Y, ya que nos estamos controlando lo que comemos, no está de más que nos controlemos también el peso, y lo ideal es hacerlo a diario. De nuevo, nos encontramos con el hecho sorprendente, avalado por numerosos estudios, de que el mero hecho de hacerlo nos hará perder peso. Y si lo vamos apuntando, mejor que mejor, ya que eso nos motivará para comer menos sin tener que hacer un esfuerzo extra en ese sentido. De nuevo, la psicología en acción.

Otra cosa que probablemente conocen ya todos los que se preocupan por estas cuestiones, pero que resulta obligado traer a estas páginas, es la necesidad de desayunar bien. Está ampliamente contrastado que los que pretenden ahorrar calorías saltándose el desayuno o desayunando de forma demasiado frugal luego lo compensan comiendo de más. Por ello, el pretendido ahorro calórico se transforma en la ingesta de entre 200 y 300 Kilocalorías de más, respecto a desayunar de forma correcta. El resultado de esto, a largo plazo, es previsible.

Una última cosa que podemos hacer, y también sin esfuerzo, probablemente le resultará sorprendente al lector. Consiste en adaptar nuestras horas de sueño y vigilia al sol, al menos en la medida en que nos lo permitan nuestros horarios de trabajo, clases u otras obligaciones. Normalmente, esto nos va a obligar a madrugar más, pero, a cambio, nos podremos acostar más temprano.

Al sincronizar nuestro reloj interno con la luz solar evitaremos que se altere nuestro metabolismo. Porque esa alteración, si se produce, nos hará ganar peso, como saben bien aquellos que se ven obligados a trabajar de noche. Sin embargo, hay que tener buen cuidado de que esto no nos haga dormir de menos, pues aquellos que duermen menos de lo que necesitan ganan peso, como está bien demostrado mediante numerosos estudios.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2016

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