No toda la grasa corporal es mala

Desde el punto de vista de la salud, la clave no es cuánta grasa se tiene, sino dónde está. Porque cada vez más investigaciones afirman que la grasa abdominal es mala, pero la subcutánea situada en muslos y glúteos no perjudica. Incluso, muchos expertos, basándose en estudios epidemiológicos, afirman que podría ser beneficiosa. Este nuevo enfoque puede cambiar de forma radical la forma en que debería abordarse el problema del sobrepeso y la obesidad.

Hay que empezar diciendo que vamos a tratar el tema exclusivamente desde el punto de vista de la salud, y no de la estética. La razón es que es mucho más importante la primera que la segunda y, además, la estética es algo subjetivo y cambiante, por lo que resulta muy difícil hacer afirmaciones al respecto. Por el contrario, sobre la salud hay una opinión científica contrastada que nos sirve de guía a la hora de hacer recomendaciones.

Según se profundiza en el estudio de la obesidad, se va viendo que hay que abandonar determinados enfoque simplistas que han predominado hasta hace unos años. Por ejemplo, ya no se sostiene el concepto de que el aumento de peso es función directa de las calorías consumidas menos calorías gastadas, ya que se ha visto que hay muchas otras variables que intervienen, como por ejemplo el diferente aprovechamiento que hace cada individuo de las calorías ingeridas en función de multitud de variables, como la flora intestinal.

Y en estos últimos años está cayendo otro principio que parecía inamovible: la grasa es mala para la salud. Ahora se sabe que esto no es cierto, o al menos que no siempre es cierto. Y que la principal variable a tener en cuenta es dónde esté situada esa grasa, ya que parece haber un consenso científico acerca de que el exceso de grasa abdominal es malo, mientras que para la situada en muslos y caderas las opiniones van desde que es inocua hasta que es incluso favorable para la salud.

El mencionado consenso acerca de lo perjudicial que resulta la grasa abdominal es absoluto, y se basa en que multitud de estudios han demostrado su vinculación con enfermedades metabólicas, como la diabetes, circulatorias e incluso el cáncer. Esta grasa, que está adherida a ciertas vísceras, libera ácidos grasos y otros agentes inflamatorios que son dañinos para diversos órganos del cuerpo.

Tan importante es lo anteriormente comentado que, para muchos especialistas, lo realmente significativo a la hora de valorar a un paciente no es tanto su IMC (Índice de Masa Corporal, que es el peso en kilos dividido por la altura en metros al cuadrado) como su perímetro abdominal. Para las mujeres, no debe rebasar los 88 centímetros, y 102 para los hombres.

Sin embargo, en la práctica, las cosas no resultan tan sencillas. Así, Irene Bretón, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y médico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, si bien está de acuerdo con que la grasa abdominal es perjudicial, matiza que la cuestión hay que analizarla caso a caso, y tener en cuenta no solo el peso del paciente, su cantidad de grasa y su distribución, sino también otros factores, tales como su estilo de vida o la presencia o no de posibles complicaciones.

Respecto a la grasa subcutánea, en especial la que se encuentra en muslos y glúteos, Bretón opina que tiende a ser protectora. Otros especialistas, como la miembro de la Junta Directiva de la SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad), la doctora Susana Monereo, están de acuerdo con ello, pero matizan que si se encuentra en exceso puede producir determinadas deformaciones o problemas articulares debido al exceso de peso que debe soportar el esqueleto.

Fredrick Karpe, especialista del Centro Oxford para la Diabetes, Endocrinología y Metabolismo, va más allá. Afirma que hay multitud de estudios epidemiológicos que concluyen que este tipo de grasa es extremadamente buena, ya que al situarse allí evita que se deposite en otros sitios del cuerpo, como el abdomen, donde sí que resulta perjudicial. Así, dice que "cuanto más amplias son tus caderas, más sano estás, menos diabetes tienes y menos enfermedades cardiovasculares padecerás".

Este especialista concluye, por tanto, que si se tiene sobrepeso pero no problemas metabólicos, no se obtendrá ningún beneficio por perder peso. Incluso, si se tiene un exceso de grasa en el abdomen, pero más aún en las caderas, el riesgo de diabetes disminuye. Y eso no es, desde luego, lo que venimos oyendo por todas partes desde hace muchos años.

Sin embargo, hay que ser sensatos y no utilizar la información anterior para permitirnos a nosotros mismos bajar la guardia frente a la obesidad. No hay que olvidar que, estética aparte, es la causante de infinidad de problemas de salud cuando la grasa no está donde debería. Así que, si leemos bien las líneas anteriores, este nuevo enfoque acerca de la obesidad debería hacer que redobláramos nuestros esfuerzos contra la grasa; eso sí, abdominal.

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