El mirabegrón, una esperanza que hay que mirar con cautela

Es un fármaco autorizado en EEUU para la incontinencia urinaria, pero del que se ha descubierto recientemente una propiedad que podría convertirlo en una cierta esperanza para adelgazar, ya que activa la grasa parda. Pero es, a la vez, un ejemplo más de las dificultades con que se encuentran los laboratorios que luchan contra la obesidad: a causa de sus efectos secundarios indeseados, su utilización como píldora adelgazante sería muy problemática.

Quizá el lector pueda pensar que es una mala suerte que siempre que se encuentra un fármaco adelgazante aparezca un efecto secundario indeseado que acaba con esa esperanza. En realidad, no es mala suerte; lo verdaderamente raro sería lo contrario. En realidad, lograr un fármaco adelgazante sin efectos indeseados sería algo así como meter un elefante en una cacharrería y conseguir que aplaste con una de sus patas solo el plato que deseamos, manteniendo intactos todos los demás.

Cuanto más se estudia, con más claridad se ve que la obesidad depende de múltiples y muy complejas variables interrelacionadas entre sí y, lo que es peor, con incontables y a veces desconocidos efectos sobre el cuerpo y la mente. Con alguna excepción (que ha resultado ser, además, poco efectiva), todas las píldoras adelgazantes desarrolladas por los laboratorios han tenido que ser abandonadas, ya sea antes o después de su salida al mercado. Y eso, a pesar de que las inversiones han sido millonarias.

Un ejemplo de lo anterior es el fármaco que traemos hoy a nuestras páginas, el mirabegrón, que se utiliza con éxito para combatir la incontinencia uinaria mediante la relajación de la vejiga. Está autorizado por la FDA, la agencia norteamericana que supervisa los medicamentos en ese país y que es referencia mundial en el tema. Determinados ensayos demostraron que ese fármaco, a dosis cuatro veces mayores que la autorizada por la FDA, conseguían activar la grasa parda para que consumiera más energía.

Esa activación, o la tranformación de grasa blanca en parda, es el sueño de aquellos investigadores que luchan contra la obesidad. La grasa blanca es una acúmulo de energía que guarda el organismo para periodos de escasez. El problema es que resulta ser mala para la salud cuando se tiene en exceso, sobre todo en la zona abdominal, ya que puede desencadenar enfermedades de muy diverso tipo, entre las que destacan la diabetes tipo 2 y las enfermedades circulatorias.

Por el contrario, la grasa parda, que debe su color al gran número de mitocondrias que posee, es un consumidor de energía, por lo que la referida activación de la grasa parda tiene un efecto adelgazante. El problema es que se produce solo exponiendo al organismo a un ambiente frío, lo que resulta inaplicable para luchar contra la obesidad. Y las pocas veces que se ha conseguido hacerlo mediante algún fármaco, dicho fármaco ha tenido efectos indeseables, al menos hasta ahora.

Estos repetidos fracasos no han evitado que las investigaciones sobre la grasa parda (o marrón) sea uno de los principales campos de estudio en la lucha contra la obesidad. Y el fármaco que traemos hoy a nuestras páginas no es más que un ejemplo de ello. Porque, en efecto, el mirabegrón consigue activar la grasa parda para que consuma energía extra: concretamente, 200 kilocalorías diarias de más.

El trabajo a que nos referimos, publicado en Cell Metabolism, ha sido dirigido por Aaron Cypress, del Joslin Diabetes Center de Boston (Estados Unidos), que es uno de los más prestigiosos centros mundiales en el estudio de esta enfermedad metabólica. El ensayo se realizó sobre doce personas jóvenes y sanas, a las que se proporcionó una dosis de 200 mg. diarios del fármaco, que es cuatro veces más que la dosis autorizada por la FDA para tratar la incontinencia urinaria.

El problema es que el mirabegrón, incluso a las dosis autorizadas, puede producir problemas cardiovasculares y arritmias, por lo que es previsible que esos efectos indeseables (a los que, además, son especialmente proclives las personas con obesidad) se produzcan con mayor frecuencia e intensidad cuando la dosis se cuadruplique. Adicionalmente, habría que demostrar que el fármaco produce esa misma activación de la grasa parda a dosis moderadas y en personas obesas y de cualquier edad.

Sin embargo, y a pesar de que el mirabegrón no tendría, por lo anteriomente expuesto, aplicación farmacológica inmediata, sí tiene un indudable valor a nivel de investigación básica, ya que se ha conseguido un método para activar la grasa parda. Y ese podría ser, en el futuro, un camino a seguir para lograr una píldora adelgazante inocua.

Esta píldora, que hoy día parece una quimera, podría no serlo tanto; de no ser así, los laboratorios no se gastarían las enormes sumas que se gastan en su búsqueda. Esperemos que algún día consigan que el elefante se mueva con la delicadeza de una bailarina y no aplaste más que el plato deseado. Ese día, si llega, todos estaremos más sanos y seremos más felices.

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