Descubierta la relación biológica entre la falta de sueño y el aumento de peso

Sí, ahora estamos seguros de que dormir poco engorda. Y, no, no es una cuestión psicológica, ni de aburrimiento, ni de que al estar más horas despiertos tengamos más oportunidades de comer. La relación entre la falta de sueño y el aumento de peso es básicamente biológica, ya que la primera hace que aumenten en nuestro organismo los niveles de una sustancia, la 2-AG, que nos hace comer más. Tan sencillo (y enojoso) como eso. Tengámoslo en cuenta a la hora de planificar nuestras horas de sueño.

Hasta ahora, se tenía evidencia empírica de que dormir poco induce obesidad, pero no se había estudiado a fondo la cuestión. Como ocurre muchas veces cuando no se conoce un determinado mecanismo, se tiene tendencia, si se puede, a achacarlo a factores psicológicos, que son difíciles de refutar. Y este caso no fue una excepción, de forma que el aumento de peso se ha achacado, sin mucho fundamento, al aburrimiento, a tener más ocasiones para picar, a la ansiedad derivada de dormir poco o, incluso, a la mayor necesidad de alimento derivada de estar más horas en movimiento.

Pero una reciente investigación llevada a cabo en la Universidad de Chicago (Estados Unidos), dirigida por Erin Hanlon y publicada en Sleep, parece haber encontrado una causa biológica a ese mayor consumo de alimentos cuando dormimos poco. Sus conclusiones son interesantes, porque nos pueden dar una valiosa ayuda (sencillamente, dormir lo necesario) si nuestro objetivo es adelgazar. Y, además, con una base plenamente científica.

Los investigadores sometieron a 14 adultos sanos, de 20 a 30 años, a dos pautas de sueño diferentes, ambas con una duración de cuatro días: la primera era de sueño normal, con siete horas y media de sueño diario; durante la segunda, de sueño escaso, solo se les permitió dormir algo más de cuatro horas al día. La comida, en cantidad y horario, fue la misma en ambos casos.

La grelina es una hormona que aumenta el apetito; por el contrario, la leptina la secreta el organismo cuando se ha saciado, a fin de que deje de comer, con lo que su efecto es justamente el contrario que el de la grelina. El equilibrio entre ambas es lo que determina, en gran medida, la cantidad de comida que ingerimos. Pero el estudio se proponía profundizar más en estos mecanismos que relacionan sueño y peso.

Estudios previos habían demostrado que cuando se duerme poco aumentan los niveles de grelina y disminuyen los de leptina. Sin embargo, el objetivo de la investigación fue, básicamente, analizar la influencia del sueño en la 2-AG, del sistema endo cannabinoide. Aumentos de esta sustancia en sangre hacen que ciertos alimentos poco recomendables, básicamente dulces, salados y grasos, nos parezcan más apetecibles.

Como era de esperar, los autores encontraron mayores niveles de grelina y menores de leptina en los voluntarios cuando estaban sometidos a la pauta de sueño restrictiva. Y eso, lógicamente, hizo que sintieran más apetito. Pero quizá lo más interesante y, desde luego, novedoso, fue la detección en dichos voluntarios de concentraciones mayores de 2-AG (hasta un 33% más), lo que pude interpretarse como que al dormir poco se excita más en nosotros el ansia por los alimentos poco recomendables comentados más arriba.

Este aumento de la 2-AG se produjo sobre todo un par de horas después de la comida y se mantuvo elevado toda la tarde y hasta después de la cena. Además, esta analítica coincide con el testimonio de los voluntarios, que declararon sentir una elevada apetencia por alimentos dulces, salados y grasientos durante ese periodo, en los días en que durmieron poco. Es decir, la falta de sueño hace que caigamos más en la tentación.

Por si cabía alguna duda respecto a lo anterior, los autores desecharon la posibilidad de que el aumento de ingesta se debiera a la mayor necesidad de comida por estar más horas despierto. Hanlon ha calculado el aumento de necesidad energética de estar una hora despierto, y llegó a la conclusión de que los voluntarios consumieron en torno a cuatro veces esa cantidad cada hora cuando durmieron de menos.

El lector podrá sacar sus propias conclusiones. Dormir un número correcto de horas hará que nos sintamos más activos, rindamos más en el trabajo y disfrutemos más de la vida. Y, además, adelgazaremos sin esfuerzo. Es como una dieta milagro, pero con la seguridad que da tener a la ciencia de nuestra parte.

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