Diabetes en niños y adolescentes, un motivo más para cuidar las costumbres de nuestros hijos

Se dice, se sabe, pero no se hace: hay que vigilar y, si hace falta (y suele hacer falta), cambiar las costumbres de nuestro hijos en materia de alimentación y sedentarismo. El motivo es la obesidad. Y a las consecuencias que sabíamos hasta ahora (estéticas, ser obesos de adultos...) se ha sumado otra: cada vez hay más niños y adolescentes con diabetes tipo 2. Sí, han leído bien: niños con diabetes.

Simplificando un tanto, podríamos decir que la opinión generalizada es que la obesidad es mala para los adultos por dos razones: estéticas (que pueden determinar una menor valoración de los demás y de uno mismo) y, sobre todo, de salud, ya que es sabido que la obesidad puede ocasionar problemas graves, como circulatorios o diabetes tipo 2, entre otros.

En los niños y adolescente, en cambio, dicha opinión popular dice que las únicas razones para combatir la obesidad, además de evitar que sean obesos de adultos, son las estéticas (con las complicaciones de tipo social y psicológico que pueden acarrear), ya que, "lógicamente", a esas edades no se tienen problemas de salud derivados de la obesidad. Pero eso no es cierto, y con las nuevas investigaciones, menos todavía.

La diabetes tipo 2 (que hay que diferenciar de la tipo 1, que es de carácter autoinmune y se suele sufrir desde la infancia) es una enfermedad crónica por la que el organismo adquiere resistencia a la acción de la insulina. Dado que esta hormona es necesaria para metabolizar los carbohidratos, se produce entonces un aumento de la cantidad de azúcar en la sangre. Este azúcar, si se mantiene en niveles elevados, puede producir daños a diversas partes del cuerpo, como los riñones, los ojos, el corazón, el sistema nervioso o las extremidades.

En España la sufre en torno al 13% de la población, con una mayor incidencia en las capas más humildes de la sociedad, siendo un problema añadido que la mitad de los que la padecen no lo saben y, por tanto, no se tratan. Hasta ahora, era rarísimo que la diabetes tipo 2 afectara a personas menores de 50 años, pero la situación está cambiando de forma acelerada desde hace cinco años.

Debido a los cambios en las costumbres de nuestros niños, la obesidad está haciendo presa en ellos. Y, con el aumento de peso, la diabetes tipo 2. En Estados Unidos (país en el que, también en esto y por desgracia para sus habitantes, va por delante del resto), la progresión de la diabetes tipo 2 en niños y adolescentes está siendo espectacular: en los últimos 15 años ha pasado de ser el 3% de los nuevos casos diagnosticados, al 45%.

Y la causa es, como se ha dicho más arriba, la mala alimentación (exceso de dulces y grasas) y la falta de ejercicio. Hasta tal punto es así que estos dos factores se consideran responsables del 80% de los casos. Se piensa que en 2040 se habrá producido en el mundo un aumento del 55% en el número de afectados por esta enfermedad.

¿Soluciones? Como ocurre muchas veces, ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo. Algunos confían en la educación de adultos y, sobre todo, jóvenes, afirmando que las leyes coercitivas no van a conseguir nada. Pero esa es precisamente la solución para otros expertos que, basándose en la experiencia positiva del tabaco, preconizan subidas de impuestos a los alimentos más perniciosos, como las bebidas azucaradas y la comida basura.

En lo que todos parecen estar de acuerdo es en que las medidas de autocontrol por parte de la industria son completamente inútiles y que lo único que se busca con ellas es retrasar la adopción de medidas más contundentes. En cualquier caso, y lleguen o no esas medidas por parte de las diversas administraciones implicadas, lo que parece claro es que los padres y educadores podemos y debemos actuar ya, vigilando la alimentación de nuestros jóvenes y motivándoles para que se muevan más. Esas son las claves para evitar la obesidad y, por tanto, también la diabetes tipo 2.

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